Por Renzo Guerrero de Luna. Corresponsal
Cusco. Los ojos de Juan Carlos Bazalar brillan de orgullo. Los micrófonos lo acechan y al pronunciar sus primeras palabras se le corta la voz. "Es un sueño cumplido", dice y busca a su pequeño Alonso para fundirse en un abrazo. El 25 de mayo será recordado por el capitán del Cienciano como uno de los días más bonitos en su vida: en una tarde soleada, perfecta, padre e hijo jugaron juntos un partido de Primera División, un caso único en el mundo.
Desde temprano el comentario en la tribuna era el debut del hijo de Bazalar. Todos hablaban del récord Guinness, de aquella selección heroica de 'Jota Jota' Oré y de los goles de Alonso en Corea del Sur, de la Bolsa de Minutos que no suma Cienciano, de lo bien que le haría su ingreso en estos tiempos en que el equipo rojo no da la talla de campeón. Por eso, cuando el jefe de prensa anunció la presencia del joven jugador por los parlantes, con la número '28', los hinchas festejaron entre aplausos. "Ahora sí, Navarro", dijo uno que no le tiene mucha fe al actual técnico del cuadro cusqueño.
Tras el calentamiento de rigor, saltaron a la cancha. Nerviosos, los Bazalar posaron para la foto que los llevará a la eternidad. El resto pasó a tercer plano. Todos buscaban lo que hacía Alonso en la medular roja: a los 15 segundos tocó su primer balón, a los 18 minutos le cometieron su primer 'foul', a los 26' celebró el primer gol de su equipo. Felizmente, para orgullo del padre, no se equivocó mucho. Al contrario, siempre apareció en el lugar indicado y puso lo que ponen los jugadores de carácter cuando tuvo que enfrentar a viejos zorros como Guadalupe y Holsen. No en todas salió vencedor, pero estuvo para afrontarlas.
Su madre, Cecilia, vivió un partido distinto en las gradas. Se veía nerviosa, al igual que el resto de los simpatizantes del equipo imperial que vivieron un primer tiempo de infarto: en los primeros 21 minutos el cuadro norteño tomó ventaja sin importarles el día histórico de los Bazalar, pero en nueve minutos, y con mucho temperamento, los dirigidos por Navarro le dieron vuelta al marcador gracias a las anotaciones de Vassallo, Solís y Sawa. Fueron los mejores minutos que se han visto en Cusco en lo que va del año.
La segunda parte fue menos intensa. La familia Bazalar se adueñó del mediocampo y, con un jugador menos por lado, eso bastó para asegurar los tres puntos en un partido que no pasará a la historia por su calidad (aunque fue bueno), sino porque finalmente a Juan Carlos se le hizo realidad el sueño. Ayer jugó con su hijo, que será su relevo.