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'Macroignorancia'

Rincón del autor. La inflación empieza a subir en el mundo, la seguridad del dólar como medio de ahorro desaparece, la recesión amenaza a los países más fuertes

Por Richard Webb

Todo estaba bajo control. Ya nadie dudaba de la receta para una buena economía. Desde los expertos hasta el público en general se habían aprendido la lección, que la actividad productiva, o microeconomía, exige un gobierno más ausente que presente, normas simples, y una burocracia expeditiva, y que la macroeconomía es próspera cuando existen estabilidad financiera y globalización. No eran verdades nuevas sino más bien antiguas, pero en los años 90, luego de dos décadas de inflación, colapsos financieros y estancamientos productivos en gran parte del mundo, la fórmula original cobró nueva vida. Fue una resurrección intelectual de amplia aceptación, bautizada justamente como un consenso. Tal como sucede con el reformismo del alcohólico arrepentido, el consenso se volvió un fundamentalismo, y fue propagado por un ejército de economistas convencidos. Y así como la televisión se dedica a convertirnos a todos en chefs Cordon Bleu, también nos instruyen diariamente en el abc de la nueva economía.

La realidad económica respondió tal como decía la publicidad. La inflación casi desapareció como problema, bajando de un 9% de promedio mundial por año en los 70, a menos de 2% en la actualidad. Y aunque parezca inverosímil, en algunos países, como Japón y en el mismo Perú, hasta hubo preocupación por una posible deflación, cuando los precios bajan en vez de subir, perjudicando a los productores. El crecimiento económico surgió especialmente en los países más pobres donde el aumento anual de la producción por persona fue apenas 1,7% en los años 80, y 5% entre 2003 y 2007. Fueron éxitos que se sustentaron precisamente en la aplicación de las recomendaciones de los economistas.

Es difícil entonces explicar el actual desconcierto de los expertos en cuanto a la economía mundial. Repentinamente, la inflación empieza a subir en el mundo, la seguridad del dólar como medio de ahorro desaparece, la recesión amenaza a los países más fuertes, la globalización empieza a ser cuestionada entre las personas que más hicieron para vender la idea, los gobiernos se ven obligados a retroceder en sus principios no intervencionistas rescatando a bancos importantes, y los ahorristas del mundo ven cómo sus pensiones se tambalean con las fluctuaciones de las bolsas mundiales. Nada de esto figuraba en el libreto teórico, y menos en los libros de texto. El mundo aún no ha entrado en recesión y muchos países, como el Perú, siguen creciendo vigorosamente, y si bien la renovada inflación es un peligro económico y social, sus niveles no se acercan a los de las épocas de crisis. No obstante, es desconcertante escuchar el pesimismo de las máximas autoridades financieras del mundo, como del presidente del Banco Central Europeo, de los dos últimos presidentes del Banco Central de Estados Unidos y del gerente general del Fondo Monetario y muchos otros expertos. Warren Buffet y George Soros, dos multimillonarios que basaron sus fortunas en los negocios financieros, anuncian la recesión más honda desde los años 30.

El control de la inflación mundial se basó en la metodología de anunciar una 'meta de inflación' y luego calibrar la subida de precios mediante el manejo de la tasa de interés. La teoría no imaginaba el aumento de precios repentino y violento producido por efecto de las escaseces de alimentos y de energía. Y la reacción de los bancos centrales se vuelve confusa. Algunos dicen a lo hecho, pecho, y si algunos precios suben por razones de fuerza mayor, no por eso se debe forzar a que otros precios bajen a costa de una recesión. Otros, en cambio, insisten en que es mejor sufrir una recesión inmediata que permitir una inflación que a la larga corroe el ahorro y la inversión. Si de algo positivo sirve esta confusión, será para aprender que aún tenemos mucho que aprender.

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