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Ojo de Tigre

El dardo

Por Renato Cisneros

Hacer mucho con poco --ese oficio de Ángel Cappa se volvió ejecutor magistral durante su paso por la 'U'-- es una de las marcas distintivas del también argentino Ricardo Gareca. Siete meses le han bastado al técnico de la 'U' para incorporarle a su equipo una mentalidad claramente positiva, un carácter. El de Ate no es un equipo notable, ni mucho menos, pero está imbuido de esa onda ganadora que lo hace agigantarse y traerse tres puntos de donde sea (incluso, como ayer, de Huancayo, una plaza normalmente irresistible para los 'merengues'). Para consolidar esa saludable autosuficiencia Gareca ha tenido que confiar en algunos personajes (una actitud inteligente en los entrenadores que deben economizar y convivir con la carestía). Creyó en Fernández, creyó en Jiménez, creyó en Miguel Torres, creyó en Hurtado. Pero por sobre todo creyó en un jugador que ni siquiera creía en sí mismo: Donny Neyra, ayer suplente de Mayer Candelo, y hoy conductor sin sustituto.

Los que simpatizamos con la 'U' (eso de que un periodista no confiese de qué club es hincha me parece una pose medio ridícula) aplaudimos la persistencia de Gareca, al margen de que logre el campeonato o no. Más bien esperamos que se haya recuperado del hurto de su laptop y su auto. Mi tesis personal es que Gareca fue víctima de unos rateros justicieros que lo confundieron con Laura Bozzo y que, en lugar de darle un merecido escarmiento a la impopular conductora, acabaron fastidiando, sin querer, al mejor técnico del momento.

Ojalá que su mala racha haya concluido. Aunque sería tremendamente irónico si le 'roban' el título.

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