Por Fernando Vivas
Me parece muy bien que surjan grupos de ciudadanos decididos a quejarse ante los excesos de la tele y presionar para que esta cambie. Por eso, saludo que la asociación Valores Humanos tenga una página web (www.valoreshumanos.info) llena de quejas de otros televidentes, análisis de lo que consideran abusos de pantalla y editoriales sobre la televisión basura.
Pero, amigos positivos de VH, una cosa es ser duro a la hora de la crítica fundamentada y otra es pedir que un programa desaparezca porque su contenido no va con mi manera de ver el mundo. Hay dos salidas alternativas al pedido de cortar cabeza: 1) Hacer un esfuerzo de tolerancia y decir, bueno, a mí no me gusta, pero el contenido es legítimo y a un sector del público le complace. 2) Si soy persuasivo con mi reclamo y no pido el cierre del programa, podría lograr que se autorregule.
Ejemplos: estoy de acuerdo con las críticas a los contenidos racistas y homofóbicos (bueno, esto último no les preocupa mucho a VH, pero a mí sí), y concuerdo con sus críticas a la Asociación Nacional de Anunciantes (ANDA) por promocionar la luz verde que le ha dado su semáforo ético a "Magaly Teve". En esos casos hay derechos humanos tutelados por la Constitución --la no discriminación y la privacidad-- que la TV vulnera. Pues reclamémosle que se modere.
Pero no puedo concordar con VH cuando en un editorial se preguntan: "¿Para qué nos interesa conocer la vida privada de tal o cual artista?". Y se responden: "Si quienes tienen en sus manos el llamado cuarto poder siguen dando cabida a todo este tipo de periodismo, ¿cómo lograremos ser un país culto?".
Esa pregunta se ha respondido satisfactoriamente hace varias generaciones: no es tal o cual artista el que importa, sino los conceptos, los dramas y, sí señores, los valores que están encarnados en su drama particular. No seremos un país culto si no se comprenden estos detalles.
Tampoco puedo estar de acuerdo con condenar un 'spot' de pañales en el que retoza un bebe al ritmo de un estribillo que dice "freedom" ("libertad") solo porque está calatito. Vamos, VH, el nene es desconocido y es una representación de la inocencia infantil libre de convenciones adultas. A ver, convénzame de lo contrario.