Por María Helena Tord
La manzana que rodea a la quinta cuadra del Jirón de la Unión o Espaderos --como aún la llaman-- ha sido un importante eje de tradición donde se ubican históricas casonas que fueron residencias de ilustres personajes, como el almirante Miguel Grau, don José de la Riva Agüero y Osma y don Bernardo O'Higgins. Este último, prócer del Perú y libertador de Chile, vivió los últimos años de su vida, desde 1823 hasta su muerte en 1843, en una hermosa casona ubicada en la quinta cuadra y que ha sido objeto de una integral restauración gracias a un convenio entre la Pontificia Universidad Católica del Perú y la Embajada de Chile. Luego de la muerte del libertador, y después de varias sucesiones, la casa pasó a ser propiedad de José de la Riva Agüero y Osma, quien más tarde cedió sus propiedades a la Universidad Católica.
PROYECTOS Y LABORES
Este largo trabajo de restauración, a cargo de los arquitectos Fernando Guembes y Jorge Lévano, ha permitido recuperar todos los espacios de la casa y conservar las diferente etapas de construcción y diseño por la que pasó la casona, que son testigos de un largo proceso histórico y cultural que se manifiesta a través de la arquitectura y los estilos de los ornamentos.
El arquitecto Guembes señala que en el trabajo de restauración "lo más importante es rescatar las intervenciones que ha tenido la casa a lo largo de los años. No se trata de reconstruir, se trata de conservar y de darle a la casona vigencia en el tiempo".
El especialista precisa que los colores pasteles seleccionados para cubrir los muros de la casona han sido tomados de las calas (muestras de capas anteriores) hechas en las paredes y son utilizadas en las casas republicanas de comienzos del XIX. En todo el inmueble se han usado los mismos tonos, de modo que las intervenciones hechas posteriormente se mimetizan con el resto de la casa original.
ORÍGENES
Esta edificación, de comienzos de la República, fue hecha sobre los lotes originales de la primera repartición de terrenos de la fundación de Lima y es uno de los testimonios arquitectónicos más significativos de la historia de la ciudad.
La arquitectura de la casa deja ver características de varias épocas y denota una constante remodelación, producto de los continuos sismos ocurridos en la capital y por los diferentes usos que se dio a la casa a través del tiempo.
La distribución de los ambientes presenta rasgos típicos de la época virreinal: muros de adobe y quincha, techos de entablado de madera y yeso para adornos y revoques. De esta primera etapa son el zaguán y los balcones que alguna vez tuvo la casa.
Las modificaciones que sufrió la casona a lo largo de su historia, por su uso permanente y las tendencias de la moda, se fueron plasmando en su esquema espacial y en la fachada. Este inmueble representa una notable expresión de la arquitectura civil limeña de fines del XIX que combina la distribución espacial de influencia colonial (recuperada con la apertura del techo del segundo patio) con elementos propios de diferentes estilos arquitectónicos que van del neoclásico al eclecticismo.
ETAPAS
Uno de los trabajos centrales fue recuperar el patio para conservar la estructura original. Además, se quiso lograr a través de la restauración de la casa cierta flexibilidad de uso a los diferentes ambientes que la componen.
Para beneplácito de muchos, una de las salas se dedicará pronto al libertador y estará abierta al público a partir del 6 de julio. Será una buena oportunidad para recorrer sus salones y patios y para admirar el trabajo integral de restauración que se ha llevado a cabo en esta histórica residencia que se convertirá en museo.
SOBRE EL LIBERTADOREl libertador fue exiliado de su país natal, Chile, y en 1841 escribe unas frases de agradecimiento y gratitud a nuestro país que lo acogió con mucha hospitalidad. Estas frases, cartas y otros objetos del libertador se pueden admirar en la sala-museo que se inaugurará el próximo 6 de julio.