Por Sergio Muñoz Bata. Periodista
Más allá de las caricaturas con las que los estrategas demócratas y republicanos intentan convencer a los votantes de que John McCain es un macho violento al estilo de George W. Bush y Barack Obama un pacifista ingenuo al estilo Neville Chamberlain, si creemos en su sinceridad, las diferencias entre los candidatos de ambos partidos sobre el tema de la guerra son sustanciales y en materia de política exterior podrían definir la elección de noviembre.
Para McCain no hay límites al uso de la fuerza contra las naciones que alientan y financian el terrorismo. En Iraq, aunque recientemente fijó el 2013 como la fecha para la retirada de las tropas, es evidente que permanecerán ahí el tiempo que juzgue necesario .
Obama, por su parte, ha prometido empezar el retiro de tropas de inmediato y ha dicho que se sentaría a negociar sin precondiciones con todos los enemigos de Estados Unidos. El problema es el término "precondiciones". Como bien ha escrito el senador Joseph Biden, hablando por Obama, es absurdo partir del supuesto de que el régimen iraní aceptaría negociar cuando se le impone como precondición que renuncie a su programa de energía nuclear, que reconozca el derecho a existir de Israel y que acepte que como su régimen no es democrático al estilo estadounidense los ayatolas y las autoridades iraníes electas por el pueblo tendrían que renunciar a sus puestos políticos. ¿Si este es el caso, qué queda por negociar?
Lo importante es que este debate sobre la guerra y la paz podría llegar a tener repercusiones de carácter histórico si los votantes eligieran como presidente a quien promete una política exterior conciliatoria, no intervencionista, no imperialista, negociadora y que solo recurriría a la fuerza en última instancia.
Curiosamente, este debate sobre la guerra y la paz coincide con un alegato planteado por Nicholson Baker en su libro "Human Smoke", que cuestiona la necesidad de la Segunda Guerra Mundial y la solvencia moral de los líderes que la condujeron: Winston Churchill y Franklin Delano Roosevelt. Patrick Buchanan, el político ultraconservador que se ha convertido en azote de los inmigrantes indocumentados, también prepara un libro que aboga por el aislacionismo estadounidense.
En la vieja Europa, como bien ha señalado Giddeon Rachman del "Financial Times", después de varios siglos de estar en el centro de la vida cultural, política, económica y militar del mundo, y después de dos devastadoras guerras en el siglo 20, los ciudadanos, a contraparte muchas veces de sus líderes con delirios de grandeza, optaron por dedicarse a estimular una prosperidad económica que redundara en una vida confortable en la paz, si bien políticamente irrelevante.
La idea de Estados Unidos apaciguado en este momento suena ingenua, es controvertida y está llena de aristas. Para muchos, lo verdaderamente inmoral es que Europa dependa del poderío militar estadounidense para su protección. Los europeos por su parte, piensan que los retos a su seguridad no demandan una carrera armamentista ni se resuelven con masivos ataques preventivos. Los europeos piensan que el mundo no necesita de un policía. Este noviembre sabremos si los votantes estadounidenses coinciden con los pacíficos y prósperos europeos o si quieren más de lo mismo.