Por RolandoArellano. Doctor en márketing*
Apenas creado el Ministerio del Ambiente aparecieron personas protestando porque el ministro designado, el ambientalista Antonio Brack, había sido asesor de algunas empresas mineras. Por otro lado, se escuchó por allí a algunos empresarios criticando que un activista "verde" como el señor Brack haya sido designado en ese cargo.
En ambos casos, los críticos suponen que el deber del ministro es defender a una parte contra los abusos de la otra. Mientras unos quieren que el ministerio trabaje para impedir cualquier actividad extractiva o transformativa, pues esta en esencia sería nociva para el medio ambiente, los otros consideran que su labor es la de neutralizar a los ecologistas, pues sus planteamientos impedirían el desarrollo del país. Ninguna de las partes ha entendido que la labor de este nuevo ministerio es la de armonizar los intereses de ambos, para que exista desarrollo económico y social, sin por ello hipotecar el medio ambiente y la naturaleza.
Probablemente aquellos activistas peruanos que quieren defender el medio ambiente evitando toda intervención sobre las montañas, selvas, lagunas o ríos no ven la dimensión de las necesidades económicas básicas de muchos de sus compatriotas. Actuando así coinciden con sus colegas de países desarrollados que, debido a que ya acabaron con su naturaleza y son los grandes productores de polución en el mundo, hoy exigen que otros se sacrifiquen por lo que ellos no cuidaron. Condenan entonces a la pobreza a los pueblos que tienen riquezas mineras o que pueden desarrollar agricultura o ganadería, para proteger fundamentalmente a los irresponsables de los países ricos.
Paralelamente, aquellos empresarios que creen que el beneficio económico producido por sus empresas, mineras, agrícolas o transformativas es suficiente justificación para la depredación del medio ambiente tienen una miopía tan grande que resulta ridícula. No se dan cuenta de que de nada sirve que un pueblo tenga trabajo y pueda comer mejor en el corto plazo, si para ello tiene que sacrificar el futuro propio y de sus hijos, además de su cultura y su modo de vida ancestral. Peor aun si eso puede implicar que haya solamente unos cuantos años de bonanza, pero que luego quede una zona devastada social y económicamente.
Es necesario, entonces, que ambas partes comprendan que la disminución de la pobreza y el desarrollo económico y social del país no deben hacerse a costa de malograr nuestra casa --eco es casa en griego--, pero tampoco que su defensa implique impedir que aprovechemos los beneficios de esta casa para vivir mejor en ella. Por ello, quizás una buena forma de expresar claramente ese compromiso en el recientemente creado Ministerio del Ambiente sería que todos entendamos --la marca es importante y el idioma vive gracias a los neologismos-- que su verdadero nombre es 'Ministerio de Ecolomía'. Es decir, un ministerio que trabaje para que la ecología y la economía convivan armoniosamente, por el bien de todos.
* CENTRUM CATÓLICA / ARELLANO MÁRKETING, INVESTIGACIÓN Y CONSULTORÍA