Por Luis Jaime Cisneros Hamann. Periodista
El presidente Álvaro Uribe tiene motivos para caminar con la frente en alto. La muerte del líder histórico de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), Manuel Marulanda, 'Tirofijo', acontecida el 26 de marzo --pero solo confirmada el 25 de mayo--, es la cereza en la torta de una serie de golpes estratégicos registrados este año contra uno de los mayores dolores de cabeza de la democracia colombiana.
El misterio rodea aún las circunstancias verdaderas en que falleció el jefe y fundador de las FARC, quien a sus 77 años era conocido como "el guerrillero más viejo del mundo". Para dilucidarlo, el Gobierno anunció una recompensa monetaria para quien le entregara el cadáver. La versión oficial de las FARC asegura que su líder falleció de un infarto, según un video difundido por la cadena venezolana Telesur en un intento de soslayar la explicación ofrecida por las autoridades que dejaron entrever que la muerte podría haber ocurrido a consecuencia de un ataque aéreo en una zona montañosa donde se escondía Marulanda.
Es indudable que Uribe sumó una victoria política sin precedentes con este episodio, que puede implicar un giro, y acaso un desenlace, en la crisis de los rehenes. Marulanda era un partidario de practicar secuestros con el fin de canjearlos por subversivos presos. Una estrategia que sumió en el más absoluto desprestigio internacional a las FARC, que retiene en condiciones inhumanas a una treintena de rehenes, entre ellos la colombo-francesa Ingrid Betancourt y tres estadounidenses.
Los últimos golpes militares en contra de las FARC son la confirmación de que la política gubernamental de firmeza contra las agrupaciones que recurren a acciones terroristas es la alternativa correcta que puede llevar a arrinconarlas y a su eventual derrota.
En la misma frecuencia de ondas que Washington, el mensaje de Uribe es simple: no caben medias tintas sino una respuesta firme y sin desmayo, una opción que no descarta la rendición de los sublevados. Un mensaje que el mandatario colombiano difundió por América Latina con el objetivo de recibir apoyo, pero que no fue seguido por casi ninguno de sus interlocutores con la excepción del Perú, que varió su posición los últimos meses.
En efecto, desde que llegó al poder en el 2002, el inquilino del Palacio de Nariño se lanzó a buscar respaldo entre sus vecinos para su estrategia de aislar internacionalmente a las FARC declarándolas como una organización terrorista y rastrear sus movimientos financieros y de lavado de dinero. Salvo Estados Unidos y la Unión Europea, en la región la respuesta fue desconcertante.
Uribe obtuvo un diplomático saludo a la bandera en forma de racimo de olivo de sus vecinos, la mayoría de los cuales consideró que declarar terroristas a las FARC equivalía a privilegiar la vía militar e implicaba cerrar las puertas a un acuerdo de paz y al diálogo en Colombia. Venezuela incluso las declaró beligerantes.
Hoy Colombia vive a la expectativa de una reacción de las FARC, que represente un cambio favorable a una solución al drama de los rehenes. Las versiones de prensa colombiana señalan que la nueva cúpula que encabeza Alfonso Cano afronta un período de consolidación con miras a evitar una división y una consecuente crisis de liderazgo, derivada del difícil equilibrio entre la línea militar --cuya cabeza visible es Jorge Briceño, 'Mono Jojoy'-- y la línea política de Cano.
En Washington también hay expectativa: el éxito de Uribe aporta puntos a favor de la saliente administración de George W. Bush, que apostó por el actual mandatario y le renovó su apoyo ratificando el plan Colombia. El Departamento de Estado advirtió que la situación representa "un potencial punto de quiebre en un escenario donde las FARC se pueden volcar nuevamente a la violencia, al secuestro, al narcotráfico, o pueden tratar de trabajar por el pueblo colombiano y deponer las armas".
Desde el 1 de marzo, el Gobierno Colombiano se anotó una serie de éxitos militares que se iniciaron con el polémico ataque en territorio ecuatoriano contra un campamento de las FARC donde murió 'Raúl Reyes', número dos del grupo. La operación originó una crisis diplomática con Ecuador y Venezuela, pero el episodio parece haber estado inventariado entre los costos por sobrellevar.
A ello se agregó la captura el 18 de mayo de Nelly Ávila, alias 'Karina', una dirigente de las FARC que arrojó la toalla alegando que temía ser asesinada por sus desalentados compañeros, tal como le ocurrió a su jefe 'Iván Ríos', quien murió asesinado en marzo por un subalterno para cobrar una recompensa del Ejército. A Ávila se la vincula con el secuestro y asesinato de Alberto Uribe, padre del presidente colombiano.
No es posible afirmar que asistimos a los días finales de las FARC, pero sí que estas viven un período de agonía y luchan por sobrevivir. No en vano esquivaron 11 gobiernos en los últimos 44 años, recurriendo al diálogo para ganar tiempo. Entre tanto, ya surgen voces para una re-reelección de Uribe, que cumplirá 56 años el 4 de julio y cuyo mandato finalizará en el 2010.