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Ese Calígula moderno, el Real

Soñando fútbol. Si el Madrid insiste en llevarse a cristiano, Manchester llevará caso ante la FIFA

Por Jorge Barraza. Columnista

A todas las calamidades conocidas en el fútbol (simulación, juego brusco, arbitrajes pésimos, directivos corruptos, futbolistas mercenarios, barras bravas, etcétera) debemos sumarle una amenaza nueva: el Real Madrid. Una especie de Calígula que se arroga el derecho de quitar la virginidad a todas las doncellas del Imperio que van a casarse. Y los futuros maridos, naturalmente, quedan masticando ladrillos.

Hoy, nadie en el mundo puede alumbrar un crack y disfrutarlo serenamente, pues allí está, acechante, el todopoderoso club español para absorberlo. No es que lo roba, no, atropella con plata y se hace del jugador compulsivamente. Aunque no esté en venta. Si al presidente del Madrid se le canta que quiere tu goleador estrella, pues tienes que bajarte el pantalón y entregárselo. "Porque el Madrid es millonario Es la Casa Blanca Todos quieren estar allí Y el Madrid tiene que ganar todo" Y otras gansadas por el estilo.

Caso contrario, si te opones, enloquecen al muchacho y a su agente con ofertas irresistibles. Entonces el jugador hace la gran Robinho: pone cara de nene enojado, se cruza de brazos y dice: "Si no me dejan ir no juego más". Robinho había exigido al Santos, su club de origen, un supercontrato para permanecer en él. La dirigencia se avino y firmó el mayor vínculo de la historia del fútbol brasileño: más de 2 millones de dólares anuales, cuatro años de extensión. Estando en vigencia y con pagos al día, el Madrid empezó a trabajar sobre la cabeza del habilísimo puntero hasta que este rompió con su club y se declaró en huelga. Santos no quería por nada del mundo dejarlo ir. Y menos al Madrid, que hasta se dio el lujo de ponerle precio: 30 millones, "ni un duro más". Pelé aconsejó transferirlo porque el "Peixe" corría el riesgo de quedarse sin dinero y sin jugador. Así llegó Robinho al Bernabéu. Así también Figo, Ronaldo, Zidane y Beckham.

Ahora apuntó todos sus cañones a Cristiano Ronaldo, lo tiene cercado. Lo quiere por las buenas o por las otras.

La metodología no es genial (son mentes más sencillas); sí bastante repugnante. Hablan con el representante del jugador. ¿Que cuánto cobra el muchacho? ¿Diez? El Madrid le ofrece veinte. Y ya que venga. Al mánager, por cuerda separada, le dan un par de millones para convencer al susodicho. Allí empieza el juego de las presiones. El sujeto hace cualquier impudicia con tal de romper el lazo con el club actual para poder llevarlo al Madrid.

Paralelamente entran a jugar los medios afines, una suerte de prensa partidaria que acosa al jugador con declaraciones del técnico, del presidente, de los hinchas "Que lo estamos esperando Que las encuestas dicen que la afición lo aprueba Que el vestuario da el visto bueno... Que aquí será campeón de todo" Como si fuese el único club que gana campeonatos.

La prepotencia del dinero. Luego vienen y te regalan una pluma de oro con el escudo del Madrid y la van de señorones mirando el juego con un traje impecable y sin gritar, que eso es de patanes. Ellos son unos caballeros, aplauden como las señoras en la ópera, con la punta de los dedos y suavecito.

"El Madrid no tiene tiempo de esperar la formación de un juvenil", refieren circunspectos. De modo que cuando el jugador ya se ha formado en otro club va y lo succiona con esta fórmula aborrecible. Cosas de nuevos ricos.

La ecuación es así: el Manchester hace una apuesta, en junio del 2003 ficha a Cristiano Ronaldo con 18 años por 18 millones de dólares; si le sale mal, se embroma; si le sale bien, se lo lleva el Madrid. Lo mismo aconteció con Sergio Agüero: el Atlético pagó por su pase 28 millones de dólares a Independiente; tenía 17 años; al cabo de la segunda temporada, cuando vieron que efectivamente era una joya, le tiraron las redes; no contaban con la negativa del crack: "Ni muerto jugaría en el Madrid", los paró. Y quedaron como pollos mojados.

Pero Ferguson, el más exitoso entrenador de la historia del fútbol, no les mandó a decir, les dijo. Arrancó suave, señalando que el español es un club con "falta de ética". Luego fue a fondo: "Creen que pueden pasar por encima de todo el mundo, pero no lo harán con nosotros. El Real Madrid no tiene catadura moral en absoluto. En términos de gran club, el Barcelona tiene más moral de la que el Real Madrid tendrá nunca". Y arremetió también contra el diario "Marca", al que acusó de estar en connivencia con el club, manipulando la información y presionando para favorecer el fichaje.

Ramón Calderón, presidente 'merengue', fue más infeliz con el verbo que con el método: "Que la esclavitud se abolió hace muchos años", rebuznó. Olvidó que, en todo caso, Ronaldo es un esclavo de privilegio: cobra la bonita suma de 180.000 euros semanales en el Manchester (como para llegar a fin de mes). Y que en los cinco años que lleva en Inglaterra, el Manchester ha levantado una Champions League; el Madrid ninguna.

"Ronaldo tiene cuatro años más de contrato con el club y no está en venta", ha dejado sentado el club de Old Trafford en un comunicado. Calderón, desde arriba del caballo, sigue vociferando: "Pero el Madrid le quiere Y el Madrid no puede esperar Porque el Madrid tiene que ganar todo Y el sueño de todo jugador es llegar al Madrid...". Patético.

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