Por Fernando Vivas
He visto y oído con asombro reportajes de TV, foros de Internet y charlas de café que enumeran errores de "Indiana Jones en el reino de la calavera de cristal".
El único equívoco en todo esto es que no se trata de errores, sino de licencias, las que suelen tomarse los creadores de epopeyas ancladas en un pasado colectivo, o sea, en la historia mayúscula, y que por eso requieren un ligero barniz de referencias verídicas y verosímiles. Por supuesto, ese barniz será más ligero cuanto más fantástica sea la ficción. Es el caso de todo el ciclo de "Indiana Jones" y de esta última entrega que, siendo la que menos entusiasmo ha despertado, no es muy distinta a sus precuelas.
Que las licencias sean excesivas puede revelar, eso sí, un etnocentrismo gringo que, en lugar de divertirnos, nos irrita al percibir la ligereza con la que meten al resto del mundo en un saco de estereotipos.
Pero, vamos, en esta superproducción que será vista por millones de espectadores en todo el mundo y, sin que le cueste un dólar a Prom-Perú y sin que hayamos soportado un rollo de Alan sobre pensar en grande, los réditos para nuestro país son grandes.
No ha sido filmada aquí, sino en los estudios Universal (los que se acaban de incendiar) y en locaciones de Hawái, pero los personajes constantemente refieren que están en el Perú y asumen que la cultura ancestral del país dominó la región y que sus misterios distraen a gringos y rojos en plena Guerra Fría.
O sea, el Perú está de moda para este blockbuster. Quizá no podamos medir cuánto nos sirva esto, pero no nos ha costado nada. Y si Indiana dice que Pancho Villa hablaba quechua, pues que se irriten los mexicanos.
Finalmente, que las Líneas de Nasca aparezcan dibujadas tal cual son (aunque la ciudad parezca un poblado tropical con paisanos hablando como mexicanos) es una promoción magnífica.
La fantasía de este Indiana es, repito, ligera, y añado, chapucera, pues resuelve la intriga con una vaga invocación a la presencia extraterrestre: "ET ex machina". Pero algo ganamos y ganaremos más cuando una ficción más verosímil aterrice en estas tierras.