Al sur de Chile está ubicada Concepción, la segunda ciudad en importancia del país. En ella también se han afincado peruanos que triunfan gracias a su esfuerzo y dedicación
Por Moisés Ávila Roldán. Corresponsal
CONCEPCIÓN. "Ahora somos cuatro, pero vamos a crecer". La noche del 31 de diciembre del 2004, Ángel cenaba en el primer piso de su aún pequeño restaurante de la ciudad de Concepción, en el sur de Chile, con tres de sus mozos. Su apuesta por desplazarse hasta esa parte del país, con todos sus ahorros, empezaba a rendir frutos. Su vaticinio se cumplió. Hoy puede sentar en una mesa a casi un centenar de personas, entre sus trabajadores y los familiares de estos, para celebrar las fiestas de fin de año.
Como sucede con varios jóvenes peruanos, Ángel Calderón dejó el Perú en busca de trabajo. Pero no se trataba de un hombre sin oficio ni beneficio. Ingeniero químico de la Universidad de Trujillo, y cansado de la falta de oportunidades para su profesión en nuestro país, decidió viajar a Chile para probar suerte.
Luego de buscar un espacio para ejercer su carrera y de no hallar ninguno, Ángel empezó a trabajar como mozo en un restaurante peruano de la capital chilena. Entusiasmado con su labor, y al ver que al dueño le iba muy bien, decidió tener su negocio propio, pero no en Santiago de Chile, en donde la competencia de otros restaurantes peruanos podían hacerlo inviable.
De esta forma empezó a explorar ciudades, hasta que llegó a Concepción, la segunda urbe en importancia del país. Luego de ver que la oferta de comida peruana era casi nula, decidió quedarse.
Después de vender la casa que tenía en Trujillo, y de que su familia se escandalizara por semejante decisión, Ángel puso su restaurante. Lo llamó Fina Estampa, como la canción de Chabuca Granda. Cuando se inició, casi nadie en Concepción conocía de la gastronomía peruana. Los penquistas --como se les llama a los habitantes de Concepción debido a que la ciudad se fundó en lo que es hoy la comuna de Penco-- tenían la referencia de que era demasiado picante y eso los atemorizaba.
Pero, poco a poco, fueron entrando personas llamadas por la curiosidad o porque en algún viaje a la capital chilena habían probado la comida peruana y les había gustado. Empezó a marchar todo tan bien que rápidamente llenaron el local. "Puede llamar al dueño del restaurante para felicitarlo por la buena comida", dijo una vez un cliente. "Soy yo", respondió un avergonzado Ángel, quien en sus inicios era el mozo, el barman, el cocinero: todo.
Después de varios meses de funcionamiento, decidió inaugurar el local. Al acto concurrieron todas las autoridades de la ciudad sin que él se lo propusiera. Además, tenía tan poco tiempo allá que ni siquiera las identificaba. Los mismos comensales le habían hecho publicidad de "boca en boca" y la fama se había regado por Concepción. Su actividad tuvo cobertura mediática y hasta lo invitaron a los programas de televisión regional.
El pequeño Fina Estampa tuvo que ampliar sus instalaciones, contratar a más gente y después crear una sucursal. A esta se sumaría después el Tradiciones Peruanas y a mediano plazo vendrá otro más. Toda la cadena es iniciativa de Ángel, quien pronto convertiría esa próspera cadena de restaurantes en una empresa familiar. Uno a uno fue trayendo a sus cuatro hermanos y después a su mamá. Todos ellos participan del negocio y ya trajeron a sus propias familias.
PREVALECEN LAS TRADICIONES
De acuerdo con el Departamento de Extranjería de la Gobernación Provincial de Concepción, son aproximadamente 1.000 los peruanos que residen en esta parte de Chile. Si bien muchos de ellos han llegado en busca de trabajo, otro tanto lo ha hecho con el objetivo de especializarse en sus profesiones.
"Hay biólogos marinos y muchos profesionales peruanos que vienen a hacer maestrías", cuenta el jefe de Extranjería de Concepción, Luis Navarro. Casi todos forman parte de un grupo de mano de obra calificada, especializada en algún oficio o profesión.
A diferencia de lo que sucede en Santiago de Chile, en donde muchos compatriotas han actuado en contra de la imagen del país con comportamientos reñidos con las buenas costumbres, en Concepción esto no ha sucedido. Muy por el contrario. Ya sea porque son pocos o porque llegaron los más trabajadores, la mayoría de peruanos en la región del Bío Bío goza de buena imagen. Médicos, profesores y químico-farmacéuticos forman parte de la oferta migratoria peruana.
Así lo advierte el vicepresidente de la Asociación de Peruanos en Concepción, Alfonso Vera. Cuenta, además, que se ha tratado de mantener las tradiciones entre los miembros de la colonia peruana. Celebran los carnavales con yunsa o cortamonte, cocinan, van a misa y se reúnen en una pollada o parrillada para las Fiestas Patrias. En octubre recorren las calles de Concepción con la imagen del Señor de los Milagros.
Otro tanto se dedica al comercio. Como es el caso de Cristina Ramos, cusqueña de nacimiento, pero criada en Lima. Ella llegó a Chile hace 20 años y se dedicó a la venta de artesanías. Hoy está casada con otro ciudadano peruano y tiene tres hijos chilenos. Junto con su esposo manejan dos tiendas de artesanía y bisutería.
Como extranjeros, todos ellos han debido acostumbrarse a las constantes lluvias y tormentas que azotan e inundan la ciudad durante el invierno. Poco a poco debieron aprender a que el paraguas no era un adorno --los primeros días volvían empapados a casa-- y a manejar en pistas anegadas como lo hace la mayoría en el sur de Chile, y sin chocarse.
El propio Ángel de Fina Estampa se ha preocupado también por el tema de la imagen del Perú, y así se lo inculca a sus trabajadores. "Les pido que cuando salgan a alguna reunión, no beban demasiado, que ahorren, que cada uno de ellos es representante de nuestro país y no nos pueden hacer quedar mal", comenta.
A pesar de que los restaurantes de Ángel son los más concurridos de la ciudad sureña, él no ha perdido su sencillez. "Todo esto se ha sacado adelante con mi familia", asegura, y ahora aspira a darse un tiempo para estudiar en Le Cordon Bleu de Lima y convertirse en un profesional de la cocina. Sigue soltero, con 32 años y, por lo pronto, todas las noches se pasea por las mesas de sus distintos restaurantes y verifica que sus comensales sean bien atendidos. Aquel ingeniero químico de la Universidad de Trujillo ha pasado a ser el "químico del sabor" en Concepción.
LA SEGUNDA CIUDAD MÁS IMPORTANTE
La ciudad de Concepción, en la sureña región del Bío Bío, es la segunda en importancia en Chile. Es una zona de grandes cerros, con bosques y paisajes agradables, aunque de incesante lluvia en invierno. Conocida como una ciudad gris, por sus construcciones antiguas y cielo semejante al limeño durante el invierno, recientemente ha experimentado un 'boom' en la construcción, y tiene en marcha una serie de proyectos de edificaciones modernas.
Cuenta con más de una decena de universidades, que son preferidas por los estudiantes sudamericanos para la realización de posgrados. Su población se calcula en unos 250 mil habitantes.
Muchos extranjeros llegan por mar desde Santiago de Chile, ya que cuenta con cinco puertos o puntos de atraque. A pesar de que va rumbo a convertirse en una metrópoli, aún mantiene las costumbres de provincia de cerrar los negocios a la una de la tarde e ir a la casa a almorzar en familia, para reanudar labores después de las tres.