Editorial. "El Mercurio" de Chile
La Corte Suprema se ha negado a elaborar una segunda quina para llenar la segunda de las cuatro vacantes a ministro de la misma que deben completarse este año. El aparente acuerdo entre oficialismo y oposición en cuanto a cubrir los cupos mediante una suerte de alternancia en la sensibilidad política de los candidatos exigiría que para este efecto se eligieran al mismo tiempo ambos postulantes, de modo de garantizar que accedieran a aquella tanto el ministro Alfredo Pfeiffer como el ministro Haroldo Brito.
Numerosas consideraciones respaldan esta decisión de la Corte Suprema. No resulta institucionalmente sano que el sistema político aspire a que el máximo tribunal de la República, encargado constitucionalmente de elaborar las quinas para la elección de sus miembros, se sujete a las necesidades de la política contingente. Eso anularía el avance que significó la reforma constitucional de 1997, que abrió la posibilidad de acceso a dicha corte de figuras valiosas ajenas a la carrera judicial. La orientación política de los postulantes --pertenecientes o ajenos a la carrera judicial-- no debe convertirse para La Moneda ni para el Senado en un factor clave en el nombramiento de los ministros de la Corte Suprema, anteponiéndose a la ponderación de sus calidades profesionales. Ello erosionaría la independencia judicial y aun la esencia apolítica del Poder Judicial.
Además, razones de justicia para con el resto de los candidatos exigen que la Corte Suprema mantenga inalterada su posición en esta materia. Si durante 2008 se espera llenar cuatro vacantes, deberán elaborarse cuatro quinas, y los candidatos de una de ellas que no resulten elegidos podrán incorporarse nuevamente en la quina siguiente. Si se presume que en la actualidad los integrantes de la primera quina son los mejores para el cargo, elaborar una segunda en cierto modo implicaría llenarla con los cinco candidatos siguientes. Ello significaría, teóricamente, que de la primera quina debería resultar elegido el mejor candidato y de la segunda quina, el sexto mejor, pues los cinco primeros se suponen incluidos en la primera.
Incluso desde la sola perspectiva del decoro, elaborar dos quinas a pedido, para que resulten electas las dos principales sensibilidades políticas de la Corte de Apelaciones de Santiago, sería de mal gusto respecto de los otros ocho candidatos.