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Seamos severos y menos ingenuos con Evo Morales

Por: Juan Paredes Castro |

La cancillería peruana ha empezado a graduar hacia abajo nuestras relaciones con Bolivia. Lo que no quiere hacer es también graduar hacia abajo nuestra permanencia en la Comunidad Andina.

Y ese es un error de alto costo político a mediano y largo plazos.

Cuando querramos enmendarlo nos daremos cuenta de que perdimos demasiado tiempo tonteando en una sociedad improductiva y rindiendo un falso culto a una partida de nacimiento de integración andina que lamentablemente, a estas alturas del tiempo, solo nos sirve para recordar el grano de arena que el Perú puso en ese proyecto.

Los gestos y las declaraciones descorteses de Evo Morales no tienen que ver pues con que el presidente Alan García le parezca demasiado subido de peso y menos antiimperialista que otros tiempos, sino con el afán cómplice, con Hugo Chávez, de bloquear el flujo de adrenalina política y diplomática que el Perú necesita para negociar un TLC con Europa e implementar el suscrito con Estados Unidos.

Como Venezuela está fuera de la CAN, Evo Morales es el cancerbero propicio y estratégico de Hugo Chávez. Su papel de aguafiestas se vuelve cada vez más grotesco en la medida que el ecuatoriano Rafael Correa rehúye de toda señal de identificación con las bravuconadas del gobernante venezolano. Ocurre, sin embargo, que la nueva buena disposición de Correa a colaborar con la causa peruana no debe descartar nuestra rigurosa evaluación de asociar el creciente mal comportamiento boliviano a nuestra voluntad de retiro de la Comunidad Andina. A menos que deseemos fervientemente correr el riesgo de sacrificarnos por Evo Morales y su revolución.

En momentos en que la cancillería recompone con esmerado cuidado las cuerdas separadas de nuestras relaciones con Chile (diferendo marítimo por un lado y acuerdo de comercio e inversiones por otro) y busca afinar mejor nuestras otras vecindades bilaterales con Ecuador y Brasil, el canciller José Antonio García Belaunde ha hecho bien en llamar a su despacho al embajador boliviano Franz Solano, en lo que en términos diplomáticos significa un aviso claro de que el próximo paso podría ser traer de vuelta a Lima a nuestro embajador en La Paz Fernando Rojas.

Aparentemente el presidente García y su canciller han decidido ya no permanecer callados ante cualquier desplante que provenga de Chávez o de Morales. Es más: han aprendido cómo hacerlo, sin perder serenidad ni oportunidad.

Solo les falta trasmitir menos ingenuidad respecto del futuro de la CAN.

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