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Un artista con influencia peruana

Paraíso en tierra.

LAS VANGUARDIAS QUE TRANSFORMARON EL ARTE DEL SIGLO XX NO EXISTIRÍAN SI PREVIAMENTE PAUL GAUGUIN NO HUBIERA ARROJADO POR LA VENTANA 400 AÑOS DE TRADICIÓN PICTÓRICA EUROPEA. EL MÍTICO PINTOR FRANCÉS CUMPLE HOY 160 AÑOS

Por Enrique Planas

De Camile Pisarro aprendió la técnica del Impresionismo. De Paul Cézanne, tomó la pincelada en paralelo. Del maestro Degas supo heredar el dibujo de la figura humana. De su coetáneo Van Gogh, su principal influencia, el descubrimiento de las técnicas expresionistas después de una estrecha relación de convivencia, amistad y posterior enfrentamiento. La crítica destaca el aporte de estos cuatro genios de la pintura para nutrir el voraz aprendizaje de Paul Gauguin, el artista responsable de arrojar por la ventana cuatro siglos de pintura europea al iluminar un refrescante regreso a los orígenes, un nuevo punto cero desde el cual arrancan las vanguardias del siglo XX.

Pero hay también una poderosa influencia en su arte poco estudiada y disuelta en sus recuerdos más profundos: su primera infancia en el Perú, casi cinco años habitando el país de sus antepasados, donde su abuela Flora Tristán llegó buscando una justa herencia y regresó a Francia con las manos vacías. En efecto, Clovis Gauguin, el padre del pintor, desterrado por republicano después del golpe de Estado de Luis Napoleón III en 1851, no pensó en tierra más acogedora que el Perú, en donde su esposa Alina mantenía vínculos familiares. Clovis no soportó la difícil travesía de Europa a nuestras costas.

Una violenta enfermedad le cerró el paso a la altura del estrecho de Magallanes y falleció a bordo. Fue enterrado en presencia de sus familiares en el chileno Puerto del Hambre. Alina María, la joven viuda, y sus hijos, entre ellos Paul, de apenas 5 años, prosiguieron viaje hasta el Callao. Se alojaron en la casa de Pío Tristán desde 1851 hasta 1855, donde residía el general José Rufino Echenique, entonces presidente de la República, casado con una de las hijas del dueño de casa.

Criado por una niñera negra y criolla, el pequeño Paul fue arrullado con las canciones populares en esa casa que protegía sorprendentes colecciones de objetos prehispánicos que observaba fascinado. Lima fue una naturaleza distinta y extraña para él, y se vio obligado a abandonarla cuando una violenta revolución puso fin al gobierno de Echenique, quien terminó desterrado con sus familiares. Los Gauguin debieron establecerse precariamente en Francia, en donde Paul comenzó su educación. Pero ya el llamado de las tierras exóticas había marcado su imaginación y deseos. Un llamado que se convertiría en obsesión que transformaría a un serio agente de cambio y pintor dominical en un viajero y un líder del posimpresionismo. Hoy, que se cumplen 160 años de su nacimiento, recordemos al maestro Gauguin y su genialidad tan cerca de nosotros.

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