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DEL EDITOR

Sin alimentos para el futuro

Por Virginia Rosas

La crisis alimentaria mundial ha llegado a tal grado que la FAO (Fondo de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) convocó una reunión de emergencia en su sede, Roma, para tratar el problema. Cuarenta jefes de Estado y de Gobierno acudieron presurosos al llamado de Jacques Diouf, el senegalés que dirige la institución desde 1993.

El aumento del precio de los alimentos alarma a los europeos y a los estadounidenses, que se ven obligados a bajar su consumo, lo cual no tan es grave para ellos pues redundará, sobre todo, en una mejora de sus hábitos nutricionales.

Pero la situación es verdaderamente alarmante para los habitantes de los países pobres, muchos de ellos azotados por hambrunas injustificables en este siglo XXI de tecnología y abundancia.

Se calcula que mil millones de personas en el mundo sufren los embates de la desnutrición. Según la Organización Mundial de la Salud, se ha detectado que en 21 países, de Asia y África mayoritariamente, la malnutrición alcanza ribetes inenarrables, como esos famélicos niños etíopes que, incapaces por la debilidad de succionar el biberón o pasar la papilla, deben ser alimentados a través de sondas.

La reunión de Roma sirvió para que los gobernantes se culparan unos a otros de la crisis.

Estados Unidos y Brasil fueron señalados con el dedo por la producción de etanol, ese biocombustible que en EE.UU. se obtiene del maíz (80% de la cosecha) y en Brasil de la caña de azúcar, lo cual ha determinado que menos tierras sean dedicadas a la agricultura para la alimentación.

Cierto es también que la población mundial crece a un ritmo desenfrenado, 200 mil personas se suman diariamente a los 6 mil 700 millones de seres que ya pueblan nuestro planeta.

El secretario general de la ONU, Ban ki Moon, señaló las medidas proteccionistas de los países ricos, léase Unión Europea y Estados Unidos, como las que dificultan el acceso a los mercados de los productos agrarios de los países pobres.

Culpables del desabastecimiento de alimentos son también las economías emergentes como China e India que, como todo nuevo rico que se respete, han variado sus hábitos y ahora consumen más carnes. La cría de animales conlleva a la tala de bosques para campos de forraje y de pastura.

Sin olvidar el alza del precio del petróleo en más del 50% el año pasado, que incide en el precio del transporte y a los especuladores bursátiles que se las arreglan para que el costo de los granos aumente cada año, pese a que la producción es similar a períodos anteriores.

Todos estos temas fueron tratados con mucha seriedad y grandes intenciones entre abundantes almuerzos --aunque esta vez no hubo 'foie gras' ni champán como hace seis años-- en este organismo de la ONU, cuyo presupuesto supera los 867 millones de dólares y que funciona desde hace 63 años, empleando a más de 3 mil 600 burócratas sin que haya logrado hacer retroceder el hambre .

El 4 de mayo pasado el presidente senegalés Abdoulaye Wade fue claro al pedir la supresión de la organización. La crisis alimentaria actual es la prueba concreta y contundente de su fracaso, dijo y razón no le falta. Los otros mandatarios, tras algunas escaramuzas, cerraron la cumbre con la formal promesa de eliminar el hambre en el mundo. Y se fueron tranquilos, sin ningún compromiso concreto.

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