Por Raúl Mayo Filio
La amorosa mirada de Eliane Manrique Díaz no se aparta de su hermoso bebe de pocas semanas de nacido. Ella tiene 28 años y vive en el asentamiento humano José Carlos Mariátegui, ubicado en la periferia de El Tambo, distrito huancaíno en el que habitan cerca de 8.000 pobladores en extrema pobreza. Eliane vive tranquila y feliz porque su pequeño no se enferma de nada, y ella tampoco, y eso es un logro en un lugar donde imperan la desnutrición y la enfermedad.
Nadie es más consciente de la última realidad descrita que la obstetra Irma Rivera, del centro de salud El Tambo, quien ha atendido cientos de casos de madres gestantes desnutridas que terminan por dar a luz a bebes de muy bajo peso. Ante el problema, Irma puso todo su empeño en cambiar la situación, y concibió una gran idea: enseñar a las mujeres gestantes a criar y consumir adecuadamente el cuy, el más peruano de los roedores.
Eliane Manrique es la prueba viviente de que el plan es un éxito. El nombre oficial de este es Cuyes como Terapia y Alimentación de la Madre Gestante, y tiene por fin que cada mujer embarazada aprenda a criar al roedor para que luego pueda consumir uno a la semana.
Aunque hoy el programa se alza como un ejemplo a seguir, tuvo un inicio difícil. "En el embarazo es necesario comer carne, y los pobladores de esta zona no tienen los recursos económicos para hacerlo. Así que solicitamos el apoyo del Instituto Nacional de Investigación y Extensión Agropecuaria (INIA), que nos donó módulos de cuyes. La municipalidad del distrito también nos ayudó dándonos jaulas para criarlos", cuenta Irma.
Secundada por la directora del centro de salud de El Tambo, la doctora Gladys Caballero Vila, Irma narra que se utilizó un patio del local donde trabajan para iniciar la reproducción de los primeros cuyes. Mientras tanto, a 40 futuras madres les enseñaron las bondades del roedor e incluso a prepararlo en diversas formas.
EJEMPLO A SEGUIR
Los resultados fueron fantásticos. Las complicaciones durante la gestación de las mujeres participantes se esfumaron y los bebes comenzaron a nacer con más peso. Eliane Manrique, por ejemplo, elevó su porcentaje de hemoglobina de 11,5 a 14,2 en apenas un par de meses.
De este modo, si antes los niños nacían con menos de 3 kilogramos de peso, ahora lo hacen con 3,8 kilos, en promedio. Las dificultades que se producían en el parto debido a la mala alimentación de las gestantes también han desaparecido.
En el centro de salud, que atiende a 198 gestantes al año, se ha formado una suerte de fondo rotatorio en el que cada vez más personas salen beneficiadas: las mujeres gestantes que han aprendido a criar y consumir cuy tienen la responsabilidad de traspasar su conocimiento a nuevas embarazadas, así como también una camada de animales para que estas últimas puedan empezar.
El plan ganó un importante premio en el Primer Concurso de Experiencias Exitosas para la Nutrición Materno Infantil organizado por la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid) y el Ministerio de Salud. Asimismo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) se interesó en la experiencia y ha solicitado un informe para saber mucho más de ella.
Repercusiones en el ámbito nacionalPero eso no es todo. Enterados de los logros obtenidos, llegaron a Huancayo delegaciones de comunidades campesinas y trabajadores de centros de salud de Abancay y Huancavelica para saber más del programa y repetir la novedosa experiencia en sus lugares de origen.
Ahora se busca que el programa sea sostenible, y ya se está pensando en la posibilidad de trabajar también con niños menores de 5 años con el fin de combatir la desnutrición en ellos y garantizarles un buen crecimiento.