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JUNÍN. LA TRADICIÓN NO SE PIERDE

Miles de fieles rinden homenaje al Señor de Muruhuay en Acobamba

Celebración se desarrolla durante todo mayo y parte de junio en Tarma

Por Raúl Mayo Filio

El distrito de Acobamba, en la provincia de Tarma, se convierte todos los años --durante todo mayo y hasta la primera semana de junio-- en lugar de peregrinaje obligado para los miles de fieles del Señor de Muruhuay, que abarrotan las calles y plazas de esta ciudad para rendir homenaje a esta divinidad.

En realidad, la ciudad queda chica ante tantos visitantes, ante tanto júbilo: llegan danzantes desde varios puntos de la región, y todos deben turnarse para rendir culto a la milagrosa imagen. Tal es el fervor, que muchas veces la fiesta se prolonga hasta la quincena de junio y los homenajes no cesan.

Ante la imagen, la hilera de fieles se mantiene día y noche, y todos esperan pacientemente su turno para saludar al Señor en busca de un milagro o para agradecer la gracia recibida durante el año. Luego, provistos de los más variados recipientes, ellos reciben agua cristalina que brota de una pileta situada en la entrada a la gruta del Santuario del Señor de Muruhuay. Es parte obligatoria del ritual, y la más importante para quienes hasta aquí llegan.

Las ceremonias religiosas, como en muchos otros lugares del país, mezclan la fe católica con la fiesta costumbrista y siempre en medio de un derroche de alegría, siempre en un ambiente de celebración. La gastronomía de la región, el clima apacible, la belleza del paisaje y el calor y hospitalidad de los lugareños le dan el toque especial a esta reunión.

Diariamente se celebran misas, ofrecidas por los mayordomos, mientras en la plaza y parque central de Acobamba grupos de danzantes de chonguinada, tunantada y otras estampas folclóricas bailan al compás de las orquestas típicas.

Esta tradición se mantiene desde 1818, año en que, según dice la tradición, apareció la imagen de Cristo en el mismo lugar donde se encuentra actualmente el santuario. Desde entonces la costumbre se mantiene de generación en generación: visitar en mayo y junio la venerada imagen.

Los acobambinos aseguran que el bienestar de su pueblo se debe, en gran medida, a la protección tutelar del Señor de Muruhuay. De hecho, el pueblo se formó cuando un grupo de fieles construyó sus viviendas cerca de la roca donde apareció la imagen, y poco a poco se fue poblando hasta llegar a convertirse en una próspera ciudad.

Con el correr de los años, la fe se propagó y hoy, durante todo mayo, se convierte en el lugar más visitado del centro del país, al punto que quienes no reservaron alojamiento con antelación deben pernoctar en sus autos, pero esta incomodidad parece no importar con tal de visitar la ermita, encender algunos cirios al Cristo de la roca, coger algunas flores como recuerdo y rezar, al pie de la imagen, oraciones encomendando la suerte y felicidad de la familia.

Quienes participan de la experiencia siempre retornan al santuario, a veces para orar, a veces para agradecer. Por ello la cantidad de devotos crece cada año.

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