Por Fernando Vivas
No voy a criticar la miniserie de Canal 4 (les debo ese comentario), pero le pillaré el título para opinar del lío de los Tudela:
Doña Graciela de Losada les parecerá una bruja, sus parientes del estudio Rodrigo han dado insólitas pruebas de angurria y en la fortuna disputada una parte significativa habrá sido aportado por la difunta madre de los hijos reclamones, pero Felipe Tudela y Barreda se ha casado con Graciela porque le ha dado la gana, no ve a sus hijos porque no le da la gana y se ha lanzado a una audaz aventura boliviana porque le salió del forro hacerle caso a su mujer. Lo ha dicho en varias entrevistas con absoluta claridad, demostrando que no es ningún incapaz como aseguran sus vástagos que lo es.
Y por lo poco que sé de derecho y lo mucho que aprecio el melodrama de gente de copete, tengo entendido que la voluntad del individuo sobre sus propiedades es sagrada, aunque se exprese artículo mortis en un hilo de voz. Que no es el caso, porque se oyó muy bien el clamor del anciano para que no lo persigan con interdicciones y hábeas corpus, con visitas sorpresivas de la jueza, demandas de difamación a quienes lo han defendido, como el psicólogo Fernando Alayza, procesos judiciales a los funcionarios que lo casaron por la vía civil en Magdalena, la vara pedida al cardenal Cipriani para que se le impida casarse por la iglesia, presiones al TC para que resuelva rápido una consulta en su contra, tarjetazos pedidos al vicepresidente Luis Giampietri; me llegó a conmover como no me mueven --sino a risa-- los reclamos de un par de manganzones que no la han sudado.
Pero esto no es una venganza ante el fujimorismo del ex canciller Pancho Tudela, quien por otro lado padeció como rehén del MRTA; sino una reflexión sobre lo mal que quedan instituciones como el PJ y el TC al resolver con premura los pedidos de esta gente, cuando tienen en lista de espera casos que involucran a miles.
El bando del veterano y su nueva familia tampoco es santo. También mueven palancas, aunque menos. Pero me repele el acoso judicial a un padre para obligarlo a transar con sus hijos. ¡Don Felipe, corone su aventura, regalando su plata a una buena causa! Aunque a Graciela no le haga gracia.