Por Ricardo González Vigil
Fuera de lo común resulta la destreza de Santiago Roncagliolo (Lima, 1975) para acometer, con admirable disciplina y capacidad creativa, diversos retos literarios y periodísticos. El mismo año que se consagró ganando el Premio Alfaguara de Novela 2006, cumplió con brillantez su parte en El Boomeran(g), concebido por el grupo español Prisa como un 'blog literario latinoamericano' que tienda nexos entre la galaxia Gutenberg (la tradición literaria) y la galaxia Google (el ciberespacio).
Si bien es cierto que más son los libros deleznables que los valiosos, la cuota de irrelevancia y superficialidad, cuando no de mediocridad, malevolencia y degeneración, es mucho mayor en gran parte de los blogs y, en general, del ciberespacio. La culpa no la tiene ese poderoso medio de comunicación, sino el mal uso que se hace de él.
De ahí que iniciativas como El Boomeran(g) conciten nuestro aplauso, cuanto más si el fruto posee la calidad de "Jet Lag". Sucede que Roncagliolo ha comprendido el enorme potencial de un blog: "La ventaja del ciberespacio es la libertad creativa y la flexibilidad total (..) ya que es un soporte, no un género. Y, a la vez, es personal. No hay líneas editoriales ni intereses corporativos. Solo una voz. Un blog es lo que su autor quiere hacer de él. Y lo que pueda, claro". (p. 14).
Y lo que Roncagliolo puede es mucho, gracias a su curiosidad ilimitada, su espíritu crítico, pero no venenoso, su intuición de novelista para captar rasgos esenciales o perdurables "a vuelo de pájaro". Además rebosa ingenio y detesta pontificar, pronto a la autocrítica y autoironía. En fin, un autor culto, dispuesto a ser exitoso a nivel masivo, pero sin simplificaciones ni estereotipos o políticamente correctos: "Los caminos del cielo y del infierno son difíciles de distinguir uno del otro, y carecen de señalización" (p. 31).
Mención aparte reclaman los inolvidables retratos que traza del mediático Jaime Bayly y de la cineasta Claudia Llosa. Y esa joya de desazón ante el joven Daniel Alarcón: envidia, al ver un cuento suyo en "The New Yorker" ("leí el cuento con la esperanza de que fuese lamentable, y lo peor es que era muy bueno. Así que mi amargura se convirtió en el odio más abyecto), y al conocerlo: "Fingí ser su amigo con el deseo secreto de empujarlo a una autopista. Y, sin embargo, empezamos a coincidir en muchas cosas, y contra mi voluntad, terminamos haciéndonos amigos" (pp. 147-148).
BLOG CREATIVO
Durante un año Roncagliolo participó en un experimento colectivo del grupo español Prisa: llevar un blog diario con otros autores que escribirían desde Barcelona, Buenos Aires, México, París y Nueva York. Las notas que escribió las reúne en este volumen bajo tres grupos: "Por favor, abandonar antes de las 12", estampas de sus viajes a veintitrés países; "Retratos hablados", perfiles de personas que conoció; y "Mentiras piadosas", apreciaciones sobre libros, películas y noticias absurdas, todo junto por considerar que "esos servicios y productos son mentiras que consumimos para vivir mejor, para fingir que vivimos otras vidas más glamourosas y plenas de aventuras que la nuestra" (p. 15).