Detrás de un policía de tránsito, dos taxis se estacionan entre las avenidas Tacna y Nicolás de Piérola, en el Centro de Lima. No pasa más de un minuto cuando uno de los choferes coloca un fosforescente letrero en su parabrisas: Chorrillos-Vía Expresa. El otro, más osado, se baja del auto para promocionar su servicio a viva voz por esa misma ruta.
Esta escena se repite durante todo el día, pero en especial por las tardes. Se llega a formar una hilera interminable de vehículos que terminan por obstruir algunas veces hasta dos carriles de esa vía.
Ese paradero informal es una muestra más de la falta de autoridad en esa zona del Centro de Lima. Pero no es el único caso. En la cuadra seis del jirón Moquegua, y también en el jirón Chancay, se producen continuos embotellamientos por el estacionamiento de combis, cuyos choferes han convertido el lugar en paradero informal.
Ante las narices de los policías de tránsito, otra fila de combis se estaciona --algunas veces en doble fila-- en la cuadra 3 de la avenida Nicolás de Piérola, para esperar a sus pasajeros, mientras las luces del semáforo de esa esquina siguen cambiando y el ruido de los cláxones de los vehículos que esperan atrás se hace insoportable.