Por Sergio Muñoz Bata. Periodista
Barack Obama ganó la nominación del partido demócrata a la presidencia porque fue el mejor candidato y negarle mérito a su hazaña sería un acto mezquino y torpe. Desoyendo a quienes apostaban a la inviabilidad de un afroamericano como candidato a la presidencia, Obama prometió un cambio en la dirección del país y su mensaje resonó con fuerza entre un enorme sector de la población. Juntos, negros y blancos lograron que su candidato hiciera historia. No obstante y aunque admito que esa ya no es una alternativa sigo pensando que Hillary Clinton era la mejor opción a la presidencia.
Ahora que entramos a la verdadera contienda sería irresponsable anunciar el fin del racismo en Estados Unidos. Aún así, no debemos disminuir la proeza del candidato y sus seguidores porque es de enorme significación histórica. Al mismo tiempo, deberíamos evitar caer en la trampa de calificar como racistas irredentos a quienes voten contra Obama en la elección de noviembre. Desafortunadamente, durante toda la elección primaria esta ha sido una tentación constante de los estrategas y seguidores de Obama como por ejemplo cuando el presidente le restó importancia al triunfo de Obama en Carolina del Sur recordándonos que Jesse Jackson había podido ganar ahí gracias al voto negro. Una aserción rotunda e innegable.
Ahora bien, ¿muestra el resultado de las primarias que en Estados Unidos es mayor el sexismo que el racismo?
La escritora feminista Gloria Steinem cree que sí. Según ella "el género sigue siendo la fuerza más restrictiva en la vida americana". Geraldine Ferraro, quien fuera la compañera de fórmula de Michael Dukakis en la elección presidencial de 1988, concuerda al señalar que el trato que se le dio a Hillary manda "una señal directa de que el sexismo sigue teniendo una influencia innegable en la sociedad".
Desde mi perspectiva, el sexismo en algo influyó en la fallida nominación de Clinton, al igual que el racismo jugó un papel en la elección de Obama pero en ambos casos secundario. Recordemos que si el voto de Michigan hubiera contado, Hillary habría ganado el voto popular y la candidatura en un sistema electoral racional y justo que proclamara ganador al candidato que ganara más votos.
Hillary perdió en el conteo de delegados, y por muy estrecho margen, porque su estrategia de campaña fue peor que la de Obama. Primero, por asumir que el triunfo de su candidatura era inevitable. Clinton erró también al escoger como tema de campaña su oposición a la guerra en Iraq después de haber votado autorizando la invasión. Y luego vino la retahíla de pasos en falso, los cambios de personal y de estrategia. Hoy, sin embargo, hasta sus mayores críticos admiran su inteligencia, su tenacidad, su fuerza, su valentía, su disciplina, y su asombrosa capacidad de trabajo.
No creo que si Hillary hubiera ganado, su triunfo habría sido el del feminismo. Sin duda habría tenido el mismo carácter histórico que tiene el triunfo de Obama. Lo importante, creo, es que no cometamos el error de debilitarla argumentando que perdió por ser una débil mujercita. Aún en la derrota, lo que Hillary hizo fue derribar el mito de que la mujer no puede ser fuerte, incluso más fuerte que sus oponentes y eso será su gran legado a la causa del feminismo en Estados Unidos.
LOS ÁNGELES