Por Patrick Espejo
Tiene muchos problemas para dormir cuando está fuera de su casa porque simplemente no hay cama que lo aguante. Tiene una dieta que difiere de la del deportista promedio, pues él debe mantener los 162 kilos que moldean su 'cuerpecito' y, aunque en casa le dicen 'Chiquito', Carlos Zegarra está orgulloso de su contextura y de los 2,02 metros que, definitivamente, lo sacan de cualquier parámetro del peruano promedio o, incluso, del deportista común y corriente.
Es judoka y con el judogui (su traje) blanco puesto se siente cómodo. Es más, bromea consigo mismo. "Van a pensar que soy un oso polar por la calle", le dice a Giancarlo Shibayama, el fotógrafo, mientras accede a caminar una cuadra lejos de su casa en Magdalena para retratarlo con el fondo de una pared naranja.
"A mí me ha pasado de todo --cuenta--, desde tener problemas para encontrar ropa, haber roto camas en las competencias o tener que viajar sentado en el pasadizo de un avión porque los asientos eran muy estrechos, aunque nada ha sido más extraordinario que haber conseguido por méritos propios clasificar a los Juegos Olímpicos de Beijing".
Carlos es el segundo de cuatro hermanos, pero ninguno ha salido como él. "Es genético", explica su padre. "Cuando era un chiquillo le decíamos 'Pajarito', pero cuando cumplió los 15 años comenzó a crecer. En realidad, sus huesos crecieron, lo que le causó algunos problemas en su piel. Él crecía pero era coordinado, así que fue mi madre la que lo llevó al Cultural. Comenzó a practicar karate, luego aikido, hasta que su profesor lo vio y lo llevó al judo. Desde entonces no ha hecho más que conseguir triunfo tras triunfo", dice su viejo con un tono de orgullo imposible de ocultar.
Zegarra aseguró su clasificación en Buenos Aires a fines de abril cuando ganó la medalla de oro en el Zonal III. Eso le aseguraba el segundo lugar en el ránking panamericano y le daba un cupo fijo en Beijing. Dos semanas después, en el Panamericano Senior de Miami, ratificó su excelente momento consiguiendo otra medalla dorada.
El primer lugar del ránking lo conservó el cubano Óscar Braison, "un tipo que es más grande que yo. Me lleva casi una cabeza".
LA RECOMPENSA
"No ha sido fácil clasificar. He entrenado durísimo y me he esforzado por participar en cuanto campeonato he podido o que las finanzas me han permitido. Podrán imaginarse que el judo no es un deporte que mueva grandes cantidades de dinero. Y pensar que hubo un momento en el que me alejé de todo. Fue cuando tenía todas las posibilidades de clasificar a los juegos anteriores, a los de Atenas, pero el apoyo económico se empleó en otros intereses. Pero después me di cuenta de que esto es lo mío, con o sin el apoyo de los demás. Me fui a España y el poder trabajar al lado de María Martínez, mi entrenadora, ha sido clave para la evolución que he tenido", narra.
Contra lo que muchos puedan pensar, él no quiere ir a Beijing como un simple acompañante. "Yo me he preparado a conciencia y sé que puedo llegar muy lejos, mucho más de lo que muchos creen. Y es que tengo una ventaja sobre los demás, yo soy ágil. Claro, se preguntarán cómo voy a ser ágil con 160 kilos. Lo que pasa es que a mí me ayudó mucho haber entrenado en el Perú. Como nunca encontraba rivales de mi talla y mi peso, siempre tenía que entrenar con menores, con chicos de 73 o 75 kilos. Eso me permitió trabajar la rapidez y esa es mi cualidad principal. Yo he ganado muchos combates así".
Zegarra ya regresó a Europa. Mañana competirá en Grecia. Luego regresará a Valladolid, su cuartel general desde finales del 2005. A mediados de julio competirá en Portugal para luego, el 18 de ese mes, trasladarse a Tokio y cumplir allí con la última parte de su preparación. "El 3 de agosto llegaré a Beijing y espero estar más afilado que un cuchillo". Él competirá recién el 15 en la categoría reservada a los más grandes, a los que pesan más de 100 kilos.
SUS PENURIAS
Carlos debe pasar por un aeropuerto con una copia de su última radiografía. Tiene una placa de titanio a la altura del omóplato y dos clavos en el hombro derecho, producto de dos de las lesiones más serias que ha tenido. "Pero, claro, como podrán imaginarse, mi principal problema son las camas. Una vez llegué a Cuba cansadísimo por el viaje. Llegué al cuarto y me senté. De pronto, la cama colapsó. Quedé desplomado en el suelo. El año pasado en Río de Janeiro casi me pasa algo parecido. Llegué, me senté y la cama comenzó a quejarse. Opté por lo más sencillo, jalé el colchón al suelo y dormí como un bebito", cuenta.
Antes de partir, le dio todos sus requisitos al Comité Olímpico Peruano para que en Beijing le asignen una cama grande y sólida, de preferencia con base de cemento y no de madera. Aunque, al final, a él solo le preocupa que le toque un buen cuadro y que pueda convertirse en el primer peruano que consiga una medalla individual en un deporte que no sea el tiro. "Y si no puedo ahora, me queda Londres 2012, los del 2016 o incluso los de Lima 2020 si es que siempre se animan a postular", finalizó.
PROYECTO UNO