Por Erik Struyf. Corresponsal
bruselas. Ayer al finalizar la tarde, terminado el escrutinio de los votos, se confirmó lo que las últimas encuestas habían pronosticado: Irlanda le dijo No a más Unión Europea (UE).
La mayoría de irlandeses, aturdidos por un texto que no entienden, prefirieron enviar el Tratado de Lisboa a la papelera y han dejado de este modo entre paréntesis el proceso de reforma de la UE.
Con el tratado, la UE pretende reformar sus instituciones para funcionar de modo más eficiente, transparente y democrático. Entre otros, el tratado crea la función de presidente de la UE, refuerza el rol del Alto Representante para la Política Exterior, extiende el sistema de decisión por mayoría a una serie de materias (entre ellas la inmigración) en las que hoy debe existir unanimidad entre los estados miembros y concede más poder al PE y a los parlamentos nacionales.
"El tratado no está muerto, pienso que sigue vivo", afirmó el presidente de la Comisión Europea (CE), José Manuel Durao Barroso, en una conferencia de prensa convocada apenas se confirmaron los resultados definitivos del escrutinio: 53,4% de votos en contra y 46,6% a favor del documento.
Pese a que para entrar en vigor el tratado debe ser aprobado por la totalidad de los 27 países integrantes de la UE, Barroso llamó a los estados miembros a continuar con los procesos de ratificación, que en todos ellos, salvo Irlanda, se pactaron o se pactarán por simple vía parlamentaria.
"Es importante que igual que Irlanda tiene el derecho de expresar su posición, los otros también lo hagan, hay que tener la foto entera", sugirió.
El presidente del Ejecutivo europeo juzgó que el resultado negativo de la consulta popular de ningún modo podía ser considerado un voto contra la UE e instó a las autoridades irlandesas a asumir plenamente la responsabilidad política de esta.
EL PORQUÉ DEL NO
La mayoría de irlandeses optaron por decirle No al Tratado de Lisboa porque ignoraban las consecuencias que acarrearía su adopción o porque se creyeron los escenarios catastróficos inventados por sus detractores.
La campaña de desinformación orquestada por el Sinn Fein, el único partido político contrario al texto, llegó a sostener que de aprobarse el documento, Bruselas aumentaría drásticamente las bajas cargas impositivas, legalizaría el aborto, abriría las puertas de la UE de par en par a países lejanos como Turquía y terminaría con la tradicional neutralidad militar de Irlanda.
POSIBLE SALIDAS
Aunque el presidente de la CE pidió evitar las precipitaciones, insistió en la necesidad de buscar una solución ante el No irlandés: "El tratado fue firmado por los 27 estados miembros y tenemos la responsabilidad conjunta de afrontar la situación", señaló.
Para los analistas existen dos posibles salidas. Una opción consistiría en organizar un segundo referéndum en Irlanda después de que los demás 26 estados miembros hayan ratificado el texto y se hayan puesto de acuerdo para introducirle algunas exenciones que satisfagan a los votantes irlandeses.
La otra salida es dejar en el camino a Irlanda y a todo país opuesto o reticente a embarcarse en un proyecto europeo que conduzca al bloque a acumular más prerrogativas con el fin de darle más presencia y poder en la escena internacional. Esta solución derivaría en una 'Europa a dos velocidades' propugnada por varios estados miembros, entre ellos Francia y Alemania, hartos de verse frenados por países poco interesados en una integración europea que trascienda el aspecto económico.
La próxima semana la cumbre de jefes de Estado y Gobierno que se celebrará en Bruselas estará dedicada casi enteramente a sacar a la UE de este nuevo atolladero.