Berna [AGENCIAS / EL COMERCIO]. Holanda dio otra clase magistral de fútbol moderno y terminó propinando a Francia una goleada desproporcionada. 4-1 resultó demasiado castigo para el cuadro de Domenech, que se vio en desventaja por un gol de Kuyt en el arranque del partido y, como Italia, tuvo el valor de salir a buscar el partido a pecho descubierto. Su premio fue regresar a la concentración con la canasta llena de goles. Porque si algo le cuesta a Holanda es anotar el primer gol --ese le sale forzado o, como contra Italia, en 'off side'-- pero luego, jugando al contragolpe, es un equipo imparable.
El segundo tiempo es de lo mejor que se ha visto en esta Eurocopa, en la que casi todo el buen fútbol se concentra en el Grupo C. Holanda mostró que de la media cancha para adelante tiene intérpretes de primera para aspirar al título. Francia, que a esas alturas perdía 1-0, se estrelló contra una defensa que lució un poco débil, pero tiene al fondo a un Van der Sar en estado de gracia, capaz de taparlo casi todo.
El ingreso de Robben terminó de abrir el partido. Cuando no se lesiona, el atacante del Real Madrid es un arma de alto calibre y más cuando la consigna es jugar al contragolpe. De un pique impresionante de Robben por la banda izquierda se originó el 2-0 --convertido por Van Persie --y del pie izquierdo del mismo jugador salió el tercero, el 3-1 que enfrió a los franceses inmediatamente después de que Henry descontara. Todo se cerró con un golazo de Sneijder a solo 60 segundos del final, para dejar a la Naranja mecánica entre los ocho mejores seleccionados de Europa y a Francia aún más complicado en el Grupo C.
No fue el único naranja que se exprimió al máximo ayer. Van Nistelrooy tuvo toques brillantes y se quedó cerca del gol, Van der Vaart y De Jong dominaron en el centro del campo, Van Bronckhorst recordó sus mejores tiempos en el Barza. Los años le pesan a Francia, un plantel con un promedio de edad de 29 años, demasiados para contrarrestar la velocidad de una naranja que ahora sí parece mecánica y, como la de Van Basten en 1988, corre embalada hacia el título.