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ENTREVISTA. LUIS ELADIO PÉREZ

Siete años secuestrado por las FARC

El ex congresista colombiano fue liberado en febrero después de soportar las humillaciones de los subversivos. Ahora lucha por liberar a los que se han quedado de rehenes en la selva

Por Susan Abad. Corresponsal

Con los recuerdos a flor de piel y sufriendo aún físicamente y en el alma, las secuelas que le dejaron los casi siete años que permaneció secuestrado por las FARC, Luis Eladio Pérez, a sus 55 años, está nuevamente aprendiendo a vivir.

Comprometido a fondo en la búsqueda de la libertad de sus compañeros que quedaron "pudriéndose en la selva", Pérez no ha descansado un solo día, desde cuando fue liberado hace tres meses, para lograr su objetivo.

Le ha robado tiempo a su esposa, a sus hijos y a su nieta para viajar a entrevistarse con los presidentes de Francia, Nicolas Sarkozy, y de Venezuela, Hugo Chávez, así como con congresistas estadounidenses, alentado por la ilusión de ver lo más pronto posible vivos y libres a sus compañeros de cautiverio.

Su más reciente pero no último esfuerzo es la publicación del libro "Siete años secuestrado por las FARC", basado en las experiencias que le narró al periodista Darío Arizmendi, "durante varias sesiones, durante varias horas, donde Luis Eladio desnudó su alma bañado en lágrimas". Un testimonio que, espera, "sirva para que la gente en Colombia sea consciente del secuestro, de las condiciones en que se encuentran los secuestrados, que dimensione el drama que significa este mal no solo para el secuestrado, sino para las familias y para la sociedad en general, en fin, para que ningún colombiano vuelva a sufrir esto".

En la calidez de su hogar, empieza la conversación con El Comercio con una frase del libro: "Estuve seis años, ocho meses, diecisiete días y nueve horas secuestrado".

¿Pensó alguna vez que su secuestro sería tan largo?
Yo creí que nunca saldría. Yo hice más cultura de muerte que de vida.

El mundo se ha estremecido con las fotografías y los testimonios de las inhumanas condiciones de los secuestrados...
Es que las condiciones que vivimos son la más pura de las barbaries. Es degradante y humillante. Vivíamos encadenados como perros. Las cadenas con sus candados pesaban entre 8 y 10 kilos y con ellas nos amarraban a algún compañero, o a un árbol (por días o meses si estabas castigado). La obligación de llevar las cadenas nos hizo desarrollar estrategias para sobrevivir con ellas. Le doy un ejemplo: como en las largas marchas que hacíamos para cambiar de campamento había que pasar ríos, muchas veces por unos delgados troncos, establecimos que si nos resbalábamos había que caer del mismo lado para no ahorcarnos.

La comida era otro suplicio. En los siete años que estuve secuestrado solo unas cuatro veces comí gallina o carne. Pescado nos daban cuando el río lo permitía y alguna vez comimos micos (monos) que los de las FARC cazaban. Lo que casi siempre comimos fue arroz, pasta (fideos) y frejoles y cuando el Ejército sin saberlo nos cercaba y no dejaba pasar provisiones, pasábamos hambre. Bebíamos agua contaminada del río revuelta con fresco en polvo.

Las enfermedades son otro flagelo y no se tiene la medicina apropiada. Yo sufrí en la selva un infarto, una crisis renal, tres comas diabéticos, dos malarias y dos leishmaniasis. Pero la más impresionante es la picadura del nuche (mosca que deposita sus huevos en la piel humana) que a mí me dio en todo el estómago. Para curarla se abre la herida y se aplica nicotina, de esa que sacan del cigarrillo, y tapan el hueco con esparadrapo o un papelito por 10 minutos. Luego se espicha (aprieta) y comienzan a salir los gusanos muertos. Súmele que vivíamos rodeados de culebras, alacranes, arañas y hasta felinos.

¿Intentó alguna vez quitarse la vida?
Lo pensé, claro, porque no veía ninguna luz de esperanza. Pasaban los días, los meses, los años. Allá, tú pudriéndote en la selva mientras que aquí, en la jungla de cemento, mi familia desamparada, angustiada por mí y con inmensos problemas económicos. Yo pensaba: "Tengo algunos seguros, valgo más muerto que vivo para mi familia". Pero a la vez escuchaba de mi esposa y mis hijos mensajes de esperanza y de fe. Era consciente de la lucha que ellos estaban haciendo para que saliera. Yo no podía ser tan cobarde frente a esta lucha, si lo único que ellos me pedían era que aguante.

¿Cuál era su posesión más valiosa?
Mi radio, que era el cordón umbilical con la civilización (nos lo muestra). Cada mes y medio nos daban pilas. Como la señal en la selva no entra en el día lo escuchábamos intercaladamente desde las 5 de la tarde hasta las 6 de la mañana.

¿Eran esas condiciones de vida un exceso de vigilancia de las FARC o un ensañamiento con los secuestrados?
No me cabe duda de que hay un ensañamiento pavoroso, especialmente lo hubo hacia Ingrid (Betancourt) y hacia mí porque tratamos de volarnos (escaparnos). Siempre fuimos muy contestatarios y estuvimos en una actitud permanente de rechazo al acto mismo del secuestro. Es que no es fácil tener todo el día a un cobarde parapetado detrás de un fusil amenazándote sin argumentos. Además algunos jefes explotaban el resentimiento social y cultural. Les decían (a los terroristas rasos): "Estos son los oligarcas, estos son los que han acabado al país, son los corruptos. Ustedes que han aguantado hambre, ustedes que son pueblo son a estos a los que tienen que acabar". Esto se traduce en la hostilidad y la humillación diaria. En pequeñas cosas como someterte a un horario, restringirte el baño, llevarte en cadenas, obligarte a permanecer descalzo en los campamentos, darte el pan más pequeño.

Usted cuenta que los secuestrados también sufren los roces propios de la prolongada y obligada convivencia con sus compañeros de cautiverio...
Claro. ¿Sabe lo que es estar las 24 horas del día, de todos los días, de todas las semanas, de meses, de años, con las mismas personas, con sus propios dramas, con sus propias visiones, con sus propios defectos? Encadenado a otra persona a toda hora, aguantando sus sudores, sus olores. Es decir, la desnudez del ser humano en toda su integridad, además, personas con diferencias culturales y sociales, que permite que afloren las miserias. Yo estuve los dos primeros años solo. Los que me custodiaban tenían orden de hablarme solo lo necesario, entonces yo hablaba con los árboles y hacía ejercicios con la mandíbula y añoraba tener con quien conversar. Sin embargo, después del tiempo que pasé con los compañeros pienso que hubiera preferido estar solo los siete años y no haber tenido la convivencia.

En Colombia se tiene la impresión de que existen secuestrados de primera y de segunda. En un lado están los políticos que, encabezados por Ingrid Betancourt, adquieren mayor relevancia en los medios. Y del otro, están los policías y militares de los que ni siquiera se les conoce con nombre propio. ¿Existe la misma diferencia en el cautiverio?
Yo diría que particularmente Ingrid y yo tuvimos un peor trato que todos los demás, pero nadie está allá en buenas condiciones. El drama de los policías y militares es terrible en la medida de que ellos ya tienen en la selva 10 y 11 años. Son personas en su mayoría jóvenes que, por supuesto, tienen ya afecciones mentales. Ellos tuvieron épocas difíciles. En sus primeros años de cautiverio hubo un campamento que le llamaban de tabla y media, porque en una jaula de alambre de púas tenían el espacio de una tabla y media para pasar parte del día y toda la noche pegados unos a otros. ¡Eran unas 400 personas que si tenían ganas de ir al baño tenían que hacerlo ahí mismo!

¿Cómo van las gestiones para la liberación de los que aún permanecen en cautiverio?
Hay informaciones de fuentes que no le puedo decir, que aseguran que al menos dos civiles, uno de los cuales puede ser Ingrid, ya iniciaron el camino a la libertad, pero claro que eso puede demorar. Yo caminé 14 días hasta llegar al helicóptero de la Cruz Roja que finalmente me sacó de la selva.

¿Estas nuevas liberaciones significarían que, a pesar de las bajas que han sufrido, las FARC están dispuestas a negociar?
Las próximas liberaciones son parte de un esquema que ya se venía trabajando. Mi salida y la de los otros cinco compañeros no ha sido un gesto humanitario de las FARC, sino porque, aceptando su error, entendieron que hay que liberar a los civiles. Esa figura del secuestro de un civil con fines políticos no está contemplada dentro de ninguna norma para la humanización de la guerra dentro del Derecho Internacional Humanitario. Sería estúpido que siguieran hablando de que se les haga un reconocimiento político, se les diera estatus de beligerancia cuando saben que lo primero que tienen que hacer es no tener secuestrados.

¿Esto implicaría la libertad del total de 700 secuestrados que se asegura tienen las FARC?
Después de la liberación de los 4 civiles retenidos con fines políticos que aún quedan, podría venir una segunda fase en la cual el Gobierno Colombiano haría un reconocimiento político a las FARC y hacer un intercambio de prisioneros militares por miembros de las FARC a la luz del protocolo II de la Convención de Ginebra. La libertad de los secuestrados con fines extorsivos es más difícil y tiene otra dinámica.

¿A qué le ha costado más acostumbrarse ahora que regresó a su hogar?
Al principio me molestaba la luz, porque por muchos años viví en campamentos donde tuve muy poca exposición solar. Me molestaba también el ruido de la ciudad. Dormir en la cama. Los zapatos, porque usé botas plásticas por siete años y apenas me están empezando a salir las uñas que los hongos me comieron. Pero le confieso que antes del secuestro dormía sin pijama y allá había que dormir vestido por cualquier eventualidad, entonces me ha costado volverme a acostumbrar a no usar nada para dormir.

DESGARRADOR TESTIMONIO
"Tengo un enorme sentimiento de culpa por Ingrid. Ella pudo haber escapado sola"
A Ingrid Betancourt, la ciudadana franco-colombiana secuestrada por las FARC desde hace más de 6 años, Luis Eladio Pérez le dedica un capítulo de su libro. En él no solo relata las difíciles condiciones de una caminata de 40 días --en la cual Ingrid, atacada por paludismo, tuvo que ser llevada en camilla-- sino el intento fallido de fuga que protagonizaron ambos en julio del 2005.

Pérez cuenta que tres meses antes planearon la huida, para lo cual Ingrid, que ya había hecho otros intentos de fuga con Clara Rojas, empezó a confeccionar unos morralitos con la tela de las piernas de un pantalón. Era difícil guardar comida pero se aprovisionaron de media panela (chancaca), seis paquetes de galletas, tres anzuelos, una vela, encendedor y diez pastillas de vitaminas. También dos botellas de aceite vacías que les servirían de flotadores en el río.

En esa época no encadenaban a los civiles. Acordaron salir entre las seis de la tarde y ocho de la noche porque era la hora de mayor oscuridad, el ruido de los insectos era fuerte y llovía con intensidad, lo que determinaba que los subversivos se cubrieran con plásticos y descuidaran la vigilancia.

"Corrimos y nos metimos al agua y empezamos a nadar ayudados por las botellas. ¡Fue una de las sensaciones más increíbles que haya vivido!", asegura Pérez. "La corriente era muy fuerte, pero nadamos hasta las cuatro de la madrugada, hasta que el frío nos hizo salir".

Fueron cinco días en que, mojados todo el tiempo, caminaron y nadaron algunos tramos eludiendo a los subversivos, a quienes escuchaban cerca. Sin embargo, la humedad les ampolló los pies. Se debilitaron físicamente y Luis Eladio empezó a sentir cuadros de hipoglicemia. Al sexto día decidieron entregarse.

El castigo fue encadenarlos por meses a un árbol y quitarles las botas. "Tengo un inmenso sentimiento de culpa por no haber aguantado. Ingrid hubiera podido lograrlo sola", asegura Pérez.

PRUEBAS DE VIDA
Escondido en su ropa interior, Luis Eladio Pérez pudo traer de su cautiverio un mensaje valioso: una carta que Tom Howes, uno de los tres estadounidenses que las FARC mantienen secuestrados, le envió a su esposa Mariana, la peruana que, junto a su hijo Tomasito, lo espera desde hace cinco años en su casa de Orlando, Florida.

"Unos ocho meses antes de mi liberación, luego de la fuga de John Pinchao, me encadenaron a Tom Howes, lo que me obligó a compartir y hablar con él todo el día. A Mark (Gonsalvez) lo encadenaron con Keith (Stansell)," cuenta Luis Eladio.

Dice que cuando se supo que iba a ser liberado los tres escribieron cartas para sus familias, al presidente George W. Bush y a congresistas estadounidenses. Howes escribió una especie de testamento a Mariana que, a sugerencia de Luis Eladio, remató con la frase "irremediablemente tuyo".

"Las FARC me advirtieron que no llevara nada, pero yo me arriesgué. Las pude ocultar entre mi ropa hasta un día antes de mi liberación. Ese día, mientras me bañaba, revisaron mis pertenencias, encontraron las cartas y me las quitaron. La carta de Mariana y unos tejidos (pulseras) que Marc Gonsalves le había hecho a sus hijos se salvaron porque yo los tenía en la ropa interior", relata Luis Eladio.

MÁS DATOS
4Luis Eladio Pérez fue secuestrado el 10 de junio del 2001 y liberado el 27 de febrero del 2008.
4Ha sido concejal, gobernador de Nariño, cónsul en Paraguay y se desempeñaba como senador cuando fue retenido.
4Según la ONG País Libre las FARC retienen a 700 personas. Por la mayoría piden rescate económico, mientras un pequeño grupo es mantenido con fines políticos.

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