Por Alberto Villar Campos / Luis García Panta
Era la noche del viernes 30 de mayo --cinco días después de todo-- cuando llamó a la comisaría de Miraflores y fingió la voz. Estaba arrepentido, eso le dijo a un agente de esa dependencia, luego de confesar haber matado a una niña. La comunicación, matizada por largos silencios, no tardó mucho en cortarse. Lo último que le alcanzaron a escuchar fue que su conciencia no lo dejaba tranquilo.
Aunque en aquel instante lo ignoraban, la voz al otro lado de la línea pertenecía a alguien a quien ellos conocían. En los últimos seis meses, Samuel Frías Sánchez (24) había llegado dos veces a esa dependencia: el 15 de noviembre del 2007, luego de haberle arrebatado la cartera a una mujer, y el 14 de febrero de este año, por haberse masturbado frente a una joven de 16 años en un edificio de la calle Tarata. Entonces era de día. Momentos después, cuadras más allá y ante otra adolescente, volvería a hacerlo.
La peor y más real de sus culpas, sin embargo, tardaría aún tres meses en estallar.
EL PASADO LO CONDENA
Hasta el momento de su captura, Frías Sánchez había sido un infinito entrevero de problemas: hasta los 8 años vivió en un centro juvenil de Chorrillos, en donde fue abandonado por sus padres y rescatado luego por E.C., quien se convertiría en su tutor. Entre los 12 y 20 años, mientras aprendía karate, ganaba torneos distritales y obtenía el ansiado cinturón negro, pasó algunas temporadas en cinco hogares para adolescentes con problemas, donde se le diagnosticó psicopatía social, un trastorno que, entre otros efectos, le impide sentir culpa por lo que hace.
Con E.C., quien le financió estudios de gastronomía, idiomas y computación, Frías vivió en Miraflores hasta el 2007. "Me fui de allí porque teníamos problemas", dijo el asesino a la policía.
En la manifestación que dio en la Dirincri --revela un curtido agente--, el asesino recordaría un traumático episodio que habría de perseguirlo hasta ahora: la muerte por sida de una de sus hermanas también abandonada, varios años atrás. "Por eso, siempre cargo un preservativo", mencionaría el criminal.
E.C. reveló que, desde su adolescencia, Frías mantuvo relaciones con mujeres mayores que él y en quienes, según las pericias psicológicas, hallaba la calidez que no tuvo cuando niño. En el 2006, en una discoteca de Miraflores, el homicida conoció a J.C., una mujer que le dobla la edad y que se convirtió en su pareja.
En mayo del 2007, J.C. se mudó con dos de sus hijas al departamento 41 del edificio Leuro, ubicado en la cuarta cuadra de Benavides (Miraflores) y contiguo al de Mary Ann Cockman, madre de la menor asesinada, donde Frías consumó el crimen.
El pasado 25 de mayo, el homicida durmió en el departamento de J.C. Aproximadamente a las 9 a.m. del 26 se despidió de ella y dejó el lugar para, metros más allá, tocar la puerta de Cockman, con la intención de robar.
UN CRIMEN SIN CULPA
Ahogado por la culpa, Frías recordó en la Dirincri haber golpeado a la hija de 8 años de Mary Ann Cockman para, luego, estrangularla con un pie mientras esta yacía en el suelo, llorosa. Luego la violó.
Según dijo, lo hizo porque la niña le advirtió que le diría a su madre que él había entrado para llevarse sus cosas. Esto, en efecto, ocurrió. Luego de violar a la pequeña y antes de perderse en el misterio de un crimen sin nombre, Frías Sánchez tomó una casaca de Cockman, una cámara fotográfica y el celular con el que la menor se comunicaba con su madre .
Un detalle, sin embargo, quedó en la escena para hablar por él: dos preservativos de una marca específica, iguales al que el asesino tuvo en su poder cuando lo capturaron.
¿LO CONOCÍA?
Mary Ann Cockman estuvo recluida por tráfico ilícito de drogas durante cuatro años en el penal de mujeres de Chorrillos, de donde salió en el 2002 con su pequeña hija en brazos. Desde entonces, la sudafricana había dedicado su vida a la religión anglicana y a dictar clases de inglés en un colegio de La Victoria, donde la menor estudió hasta el año pasado. Dos de sus vecinas han dicho que Cockman era una mujer correcta y tímida que planeaba volver a su país este año con la intención de rehacer su vida.
El 26 de mayo, día del asesinato de su hija, la sudafricana mantuvo un desconcertante silencio ante la prensa y la policía. Cuatro días después, sin embargo, acudió a la Dirincri, pero los investigadores no obtuvieron nada con ello: en castellano difícil, la mujer dijo ignorar quién podía ser el autor del crimen .
Sin embargo, tras su captura, Frías Sánchez afirmó haber mantenido una relación amorosa con la sudafricana en el 2007, razón por la cual vivió con ella en su departamento durante un mes. Para probarlo, el homicida reveló a la policía características físicas que solo alguien que la conocía demasiado podía saber. "Ella tiene una cicatriz debajo de su ombligo", se lee en su confesión.
¿Por qué Mary Ann Cockman no mencionó a un hombre a quien aparentemente conocía, un hombre con un pasado complejo y a quien la niña le abrió la puerta sin ningún problema, sin que esta fuera forzada? ¿Por qué, también, lo negó ante los medios el día en que lo capturaron? Lo que vino después de aquella revelación fue, sin duda, desconcertante: Cockman no acudió a la última citación que le hizo la policía (pactada para el lunes 9) antes de cerrar el caso y trasladar al homicida confeso al Ministerio Público el miércoles pasado. Su paradero es ahora un misterio.
MUY TARDE PARA EL PERDÓN
En una ciudad donde abundan los crímenes no resueltos, la muerte de una niña de 8 años hizo estallar un indignante misterio que tardó, sin embargo, apenas 12 días en resolverse.
Frías Sánchez fue detenido el mediodía del viernes 6 de junio en las cercanías de un restaurante del Cercado de Lima, a solo unas cuantas cuadras del hostal donde había pasado la noche y en el que pagó por adelantado una semana de estadía. Su captura, calculada al milímetro por el general Walter Rivera, jefe de la Dirincri, se logró tras identificar a las personas a las cuales le había vendido los objetos robados del departamento de Cockman.
"Me arrepiento, le pido perdón a ella (la niña) y a Dios". En medio de las lágrimas, Samuel Frías Sánchez intentó así resumir el oscuro destino del que, a partir de ahora, nadie podrá librarlo.
MÁS DATOS
4Samuel Frías Sánchez fue denunciado por el Ministerio Público por los delitos de homicidio calificado, violación a una menor, robo y microcomercialización de drogas. El confeso asesino podría ser condenado a por lo menos 20 años de cárcel.
4El pasado miércoles, J.C., ex pareja del homicida, se mudó del edificio Leuro, donde ocurrió el crimen. La mujer no quiso declarar a este Diario sobre su relación con Frías Sánchez.