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CRÓNICA. ALARMA REGIONAL

Historias que no deben repetirse

En los últimos días se reunieron en Lima autoridades y periodistas de México, Colombia y Brasil para hablar sobre la amenaza del narcotráfico. Dejaron una tácita lección: no debemos cometer sus errores

Por Óscar Castilla C.

Dos negocios han crecido con gran éxito en el Distrito Federal y en algunos otros estados mexicanos en los últimos años: la industria del blindaje de automóviles y la producción de casacas de cuero, chalecos de piel y hasta camisas de seda impenetrables por el frío o por balas de alto calibre. Ambos rubros, demasiado extravagantes para Lima, reflejan el grado de inseguridad y violencia que vive este país por obra y desgracia del narcotráfico. Una situación que se repite, con variantes igual de sangrientas, tanto en las deprimidas favelas del Brasil como en la tupida selva de Colombia.

La realidad de estos países, así como la nuestra, fue analizada hasta el cansancio en dos eventos internacionales que congregaron, como nunca antes en Lima, a periodistas curtidos en la investigación de casos de narcotráfico en las ciudades de Tijuana (Baja California) y Culiacán (Sinaloa) en México; en las localidades costeras del Pacífico de Colombia que fueran escenario de combates entre las FARC y los paramilitares; y hasta en los suburbios nada playeros de Río de Janeiro.

Los hombres de prensa participaron de los seminarios Retos para Afrontar el Narcotráfico y la Corrupción (22 y 23 de mayo) y La Investigación Periodística del Narcotráfico en América Latina (9 y 10 de junio) contando sus historias, anécdotas y experiencias en la difícil investigación de este flagelo. Los dos primeros que arribaron a Lima fueron María Idalia Gómez y Ricardo Ravelo, periodistas que han publicado dos libros de obligada lectura: "Seis desaforadas historias del narcotráfico en México" y "Los capos", respectivamente.

Ambos hablaron, ante la presencia de la procuradora peruana antidrogas Sonia Medina y del jefe de Devida, Rómulo Pizarro, sobre los riesgos latentes de su trabajo aun cuando ellos viven y laboran en el Distrito Federal, ciudad que en el último año no se ha librado de la ola de violencia que sacude todo México. El evento de fines de mayo, vale decir, fue el aperitivo de lo que vendría luego. Y es que el plato fuerte para los interesados llegó pocos días después.

El 9 de junio, día inaugural del segundo seminario sobre narcotráfico, se presentaron los fogueados brasileños Sergio Machado, de "Folha de Sao Paulo", y Amaury Ribeiro, del "Correio Braziliense", quienes dedicaron su exposición a describir la brutal guerra clandestina que en los últimos años vienen sosteniendo los narcotraficantes de las favelas y las milicias paramilitares integradas por ex policías corruptos. Ribeiro, conocido por sus reportajes sobre lavado de dinero y criminalidad organizada en Brasil y que fuera baleado en setiembre del 2007 mientras reporteaba, recomendó seguirles la pista a las transacciones financieras sospechosas que sirven para 'blanquear' capitales mal habidos. "Hay que seguir el dinero", indicó.

Aquel lunes la jornada concluyó con olor a pólvora luego de la intervención de tres periodistas mexicanos: Ignacio Rodríguez, de la revista "Emeequis"; Javier Valdez, del novel pero pujante semanario "Río Doce" de Sinaloa; y Sergio Haro, de la legendaria revista "Zeta" de Tijuana. Los mexicanos mantuvieron en vilo a la audiencia mientras relataban las formas más novedosas y surrealistas que vienen utilizando los narcotraficantes de su país para amedrentar, torturar y ejecutar a sus rivales de otros cárteles, a las autoridades o periodistas: desde quemar sus restos con ácido dentro de cilindros hasta decapitarlos frente a cámaras y colgar los videos de sus crímenes en YouTube.

Quienes no se quedaron atrás fueron los periodistas de Colombia. A la segunda jornada del seminario realizada el martes último asistieron Martha Soto, de "El Tiempo" de Bogotá; Hollman Morris, del programa "Contravía"; Ginna Morelo, del "Meridiano" de Córdova; Fabio Posada, de "El País" de Cali; y Gonzalo Guillén, del "Nuevo Herald" de Miami. Ellos abordaron, después de la exposición del fiscal general de Colombia, Mario Iguarán, desde la problemática del campesino cocalero (que parecía un retrato de la situación que se vive en el Alto Huallaga y el VRAE), la brutalidad de la guerra en las ciudades de la selva controladas por las FARC y el auge y caída de los cárteles de los '80 hasta el ascenso de los cabecillas de las atomizadas mafias en la actual Colombia.

Martha Soto, jefa de la Unidad de Investigación de "El Tiempo" desde hace 10 años, dijo que los peruanos podríamos considerar como "hermanos mayores" a mexicanos, colombianos y brasileños ya que estos países han recorrido todas las fases de la espiral de destrucción que les ha traído el narcotráfico en su calidad de países productores, de tránsito y de consumo de cocaína u otras drogas. Realidades vecinas que hacen palidecer los años más sombríos que vivió nuestro país por el terrorismo y que, luego de la jornadas internacionales, nos dejaron una conclusión tácita: el Perú no debe cometer los mismos errores.

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