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En busca de las notas bellas

PALABRAS MAYORES. Peter Prier es uno de los más renombrados constructores de violines de Estados Unidos. Ha fundado una dinastía de lutieres en ese país. Hace poco vino a enseñar su arte en el Conservatorio Nacional de Música y reparó sus instrumentos

Por David Hidalgo Vega

¿Cuál fue su dibujo animado favorito? Escriba en Contrarrecuerdos.
La búsqueda del sonido perfecto supone un acto de sutil carpintería. Peter Prier, un célebre fabricante de violines, ejecuta su artesanía de la delicadeza con martillos, lijas y cintas métricas. Los usa para calibrar al milímetro las piezas de cada instrumento. Días atrás se le pudo ver en ese trajín de ebanista armonioso mientras reparaba los violines y violas del Conservatorio Nacional de Música. Durante dos días lijó puentes, ajustó clavijas, probó arcos, restauró y desahució piezas en una pequeña sala de ese centro de estudios. Fue una discreta visita de repercusiones sinfónicas: Prier, cuyos instrumentos son requeridos por intérpretes de fama mundial, dejó en estupendas condiciones los que sirven para formar a nuevas generaciones de músicos en el Perú. Y lo hizo como un gesto voluntario.

Usted adquirió esta pasión en su Alemania natal. ¿Cómo empezó?
Cuando yo tenía siete u ocho años, mi abuelo encontró un violín en un refugio antiaéreo. Él era violinista, así que me llevó a una tienda para comprar cuerdas y lo arregló. Mi primera experiencia de aprender a tocar fue con él. Después de tres meses, él decidió que yo debía ir con un profesor verdadero. A mí me gustó la forma del violín: la cabeza, el cuello, los hombros. Eran como de una mujer. Yo estaba intrigado por esa forma. Cuando cumplí catorce años mi madre y yo fuimos a una escuela para fabricantes de violines en Alemania, la cual era una de las tres que había en todo el mundo en esa época. Era un lugar al que muchos querían entrar. Había 33 personas que querían ingresar, pero solo iban a admitir a tres. Nosotros fuimos los últimos en llegar, pero toqué mejor que todos. Estaba preparado para entrar a estudiar.

¿Siempre quiso construir violines o pensó en ser músico?
Yo estaba tan intrigado con su apariencia que hacer violines se convirtió en el amor de mi vida. Me encanta usar mis manos para crear instrumentos, aunque también he tenido la experiencia de tocar durante muchos años a nivel profesional. Al llegar a Estados Unidos, en los años sesenta, algunos miembros de la Orquesta Sinfónica de Utah me invitaron a una audición. Fui y lo hice muy bien, mejor que cualquiera. Así que estuve en la sinfónica y además pude hacer violines para una tienda al mismo tiempo.

Supongo que le fascinó también este clásico misterio de los violines Stradivarius.
Sí. Yo he restaurado cuatro Stradivarius. He sido muy afortunado por esto. Los Stradivarius y los Guarneri son los mejores violines del mundo, muy caros, de un sonido muy hermoso. El primero que recibí era de Bélgica. Era un violín que había pertenecido a Napoleón. El propietario de entonces lo tocaba en conciertos, pero un día lo dejó caer al suelo. Había 23 rajaduras tan solo en la tapa. Me tomó dos años y medio repararlo, hasta que quedó perfecto. Luego el dueño lo vendió por tres millones de dólares.

¿El sueño de un lutier es construir un instrumento así?
¡Claro! Todos soñamos lo mismo. Hace 30 años decidí comprar mucha madera antigua. Pero muy, muy antigua. Uso la misma madera que Antonio Stradivari, material de 1618 a 1620, que es el tiempo en que se logró obtener el sonido más fino de violines, violas, chelos. Uso maple en el fondo, en los lados, en el cuello y la boluta, y abeto en la tapa. Y mis instrumentos han ido mejorando. Sé que si usara otras maderas, no sonarían igual, no lucirían tan bellos.

¿Hay un instrumento perfecto?
Hay un violín llamado Príncipe Doria, de 1734, hecho por Guarneri. Cuando alguien tiene este tipo de instrumentos por mucho tiempo, recibe su nombre. Doria era un príncipe español que tuvo este violín por 92 años. Pero el mejor que yo he tenido en mis manos es el llamado Stradivarius Glennie, de 1704. Es el más perfecto y más hermoso. Fue mío, lo vendí, lo recuperé luego para volver a venderlo.

¿Por qué no se lo quedó?
Preferí obtener el dinero (risas).

¿Y de los que usted ha hecho, cuál es el mejor?
Hasta ahora he hecho 254 violines, 17 violas, 28 chelos y una guitarra. Todavía no he logrado mi instrumento perfecto. Tal vez este año.

¿Qué lo animó a fundar una escuela de este arte?
Todo empezó cuando cuatro hombres vinieron a mi taller y me dijeron que querían aprender a hacer violines. Yo me negué. Había abierto mi tienda siete años antes, en 1965, y me parecía mucho trabajo. Pero luego lo pensé mejor: no había ninguna escuela de este tipo en Estados Unidos. Apenas algunos talleres, pero no una escuela. Se lo pregunté a mi esposa y ella me dijo: "Te apoyaré en lo que decidas". Empecé a buscar herramientas, busqué madera. Me tomó dos años y medio reunir los materiales. Entonces mi esposa me preguntó: "¿Por qué quieres poner una escuela?". Yo le dije que era el mejor camino para alcanzar la excelencia y hacer los mejores violines posibles. Ella me apoyó otra vez. Así que en 1972 empecé con 22 aprendices. Hasta ahora hemos tenido 589 estudiantes. Y 286 de ellos tienen sus propias tiendas ahora.

Usted ha fundado una dinastía alrededor del violín.
Así es. Empezó con mi hijo mayor, que creció en este ambiente aunque tuvo todas las posibilidades de elegir lo que hubiera querido. Mi segundo hijo también empezó a hacer violines, pero en cierto momento decidió que prefería dedicarse a hacer arcos para violín, que es otra especialidad. Mi hijo menor sí es constructor de violines, vive conmigo ahora. Que mis tres hijos estén en este ambiente es una de las mejores cosas que me ha dado la vida. Sin ellos nuestro negocio seguiría siendo pequeño. Ellos, con sus habilidades, lo han hecho crecer.

Sé que ha donado instrumentos para que jóvenes talentos también crezcan en lo suyo.
Sí. Lo he hecho en Alemania, en Japón y también aquí. Hace tres días estuve en Cusco y escuché a una joven que es muy buena, tiene 21 años y ha estado estudiando música clásica durante un año. Estuvo tocando durante 46 minutos sin partitura, de memoria, muy bien. Pero claro, es por que entrena seis horas al día. Ella usa un violín que le dimos, muy bonito, valorizado en 4 mil dólares. Solo le he pedido que practique mucho. Estoy seguro de que esta niña, en cuatro años, va a ser una estrella aquí. Yo apuesto por dar a alguien la oportunidad de ser mejor. Me siento orgulloso de la gente que es exitosa en lo que hace.

¿Y cuál es el mayor orgullo personal de su carrera?
Una vez un músico famoso vino a pedirme que le construyera un violín. Nueve meses después vino a recogerlo y le gustó mucho. Esta persona tiene un violín Guarneri, pero le gustó el sonido de mi instrumento. Eso fue muy emocionante. Si tuviera que elegir un solo gran momento para mí, sería ese.

LA FICHA
Nombre: Peter Paul Prier.
Profesión: Lutier.
Trayectoria: Es miembro fundador de la Sociedad Americana de Fabricantes de Violines y Arcos y miembro de la Asociación Alemana de Fabricantes de Violines. Tocó en la Orquesta Sinfónica de Utah. En 1972 fundó la Escuela de Fabricación de Violines de América.

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