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PUENTE MONTALVO CONTINÚA BLOQUEADO

Nuevo diálogo tras la liberación de rehenes

Del Castillo recibirá hoy a dirigentes y representantes gremiales de Moquegua

Por Carlos Zanabria / Mario Cornejo / Ricardo León

De alguna manera había que salvar eso que los policías y militares llaman 'la moral'. Después de brindar una improvisada conferencia de prensa --aunque sus captores se lo habían prohibido-- dentro del salón de la parroquia Santa Catalina, donde permanecían retenidos desde hacía 24 horas. El general Alberto Jordán, jefe de la Undécima Dirección Territorial Policial, se paró frente a sus 47 subalternos (ya 12 habían sido liberados horas antes) y los felicitó por el valor mostrado durante aquel funesto día.

En otras palabras, reconoció en sus hombres el suficiente valor como para cumplir una misión mal concebida y para recibir piedras, palos, golpes y humillaciones como resultado de esta. Luego les pidió que salieran a la calle con la frente en alto. La pesadilla para ellos había terminado.

SOLUCIÓN A MEDIAS
Moquegua despertó con la resaca de los violentos incidentes del lunes. A las 5 de la mañana un grupo de manifestantes se reunió en el óvalo Mariátegui para desde ahí dirigirse en camiones y vehículos ligeros al puente Montalvo, que en el noveno día de la huelga sigue siendo la manzana de la discordia.

Otro grupo se reunió frente al local de la parroquia Santa Catalina; una pequeña comisión formada por mujeres ingresó para asegurarse que ningún policía había escapado durante la noche.

Los policías desayunaron lo que algunos manifestantes les alcanzaron. A pesar del desabastecimiento, las ollas comunes han sabido llenarse en los últimos días, con verduras recogidas de las chacras cercanas y borregos y aves beneficiados en la carretera.

Mientras tanto, en Lima el Gobierno aseguraba que no habría diálogo mientras se mantuvieran de rehenes a los 60 policías. Hacia las 9 a.m., los manifestantes apostados afuera de la parroquia formaron una comisión mediadora --que se sumó a representantes de la Iglesia y la Defensoría del Pueblo-- para establecer un nuevo diálogo entre los manifestantes y los policías; como no había líderes visibles en la zona, se encargó tal misión a siete profesionales conocidos por la población, entre ellos el colaborador de El Comercio en Moquegua, Mario Cornejo (ver recuadro).

El grupo ingresó al recinto y el diálogo se centró en tres puntos centrales: la liberación inmediata de aquellos policías que necesitaran atención médica, la elaboración de un plan para liberar a los demás efectivos sin que aquello generase más violencia entre los huelguistas, y la formación de una comisión que viajara a Lima para reunirse con el presidente del Consejo de Ministros, Jorge del Castillo, así como con autoridades de Moquegua y Tacna.

Los dos primeros puntos se cumplieron al cabo de unas horas (los policías fueron llevados a la jefatura regional y algunos fueron derivados a Arequipa). Pero antes, el general Jordán declaró a un grupo de periodistas: "Nos querían colgar y ellos me dijeron: 'si pide disculpas al pueblo, no llevamos a los policías y lo llevamos a usted'; yo opté por eso", comentó.

Jordán dice que los manifestantes portaban sogas y que tomó aquella decisión para no poner en riesgo la vida de sus subalternos.

Para formar la comisión, sin embargo, los dirigentes se enfrascaron en discusiones que varias veces se convirtieron en agresiones verbales de distinto calibre: todos querían venir a Lima.

PUENTE SIGUE TOMADO
La liberación de los policías, aunque era el objetivo inmediato, no detuvo la crisis. El puente Montalvo --vía que comunica a Moquegua y Tacna con el resto del país-- sigue bloqueado y ya no solo por los manifestantes que exigen cambios en la repartición del canon minero, sino también por cerca de 1.500 trabajadores de la mina Cuajone, operada por Southern Copper, quienes reclaman una serie de beneficios laborales.

En resumen, fue una solución a medias. Los policías están ya fuera de peligro, pero Moquegua y Tacna siguen desabastecidas y aún hay un puente bloqueado.

En la ciudad todo está paralizado. Los restaurantes casi no tienen qué vender, en las panaderías ya se terminó la levadura y los mercados siguen cerrados. Los bancos y locales públicos no atienden. Por último, en las calles ya no hay niños: por precaución, casi todos descansan en sus casas durante estas inesperadas vacaciones.

Periodista actuó como mediador
Mario Cornejo, profesor de secundaria y conductor de un programa en una radio moqueguana, es además colaborador de este Diario desde hace 20 años. A las 8 a.m., él se encontraba en las afueras de la parroquia Santa Catalina, donde permanecían retenidos los 60 policías, cubriendo las incidencias del día.

Ante el anuncio del Gobierno de no dialogar con rehenes de por medio, los manifestantes acordaron formar una comisión de mediadores para buscar una solución al problema.

"El obispo me pidió que integrase el grupo. Por supuesto, acepté", comentó el experimentado periodista quien, junto con un grupo de reconocidos profesionales locales, ingresó al local.

"Les pedimos coherencia: para hacer uso de su derecho a reclamar el canon, debían respetar el derecho de los policías. Y lo entendieron", agregó. Poco después, los agentes estaban libres.

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