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CONTRACORRIENTE

Danny Girton Jr., un joven juez del récord Guinness y sus historias

El hombre que viaja por el mundo para medir

Por Milagros Leiva Gálvez

--Eres joven, Danny, muy joven para ser un juez --le digo casi como saludo.

--¿Pensabas que llegaría un anciano con lentes redondos y barriga prominente? --contesta con la sonrisa de quien sabe sorprende por su edad.

--No, solo imaginaba que los jueces eran mayores que tú.

Danny Girton Jr. vuelve a sonreír. Está acostumbrado a que le pregunten cuántos años tiene. Parece mayor, pero su carnet de identidad dice 26. Danny tiene la personalidad de un almidón. Tieso, correcto, casi circunspecto. Extiende su mano rígida y los músculos de su cara apenas se mueven, pero esa rigidez, ojo, es solo inicial. En la solapa de su saco azul una insignia indica su centro de trabajo: Guinness World Records. Juez. El muchacho que estudió Literatura y que hasta hoy no publica un libro de poemas acaba de cumplir seis horas en Lima y en siete más volverá a subir al avión que lo lleva de regreso a Nueva York. El día anterior estuvo en México midiendo el tablero de twister más grande del mundo.

Así es su vida:

Un día está aquí chequeando un récord mundial, mañana quién sabe qué longitud estará midiendo.

A Lima llegó por solicitud de Kimberly Clark Perú, que quiso inscribir el papel higiénico más grande del mundo en el libro de Guinness, y ahora festeja la hazaña peruana. Danny cobra cinco mil dólares por día de trabajo, exige hospedarse en hotel cinco estrellas y pide consumo ilimitado una vez instalado. En el aire siempre duerme en primera clase. No lo dice, pero está batiendo su propio récord del dispendio.

El joven juez ahora se acomoda en la cabecera de la mesa. Habla castellano y ya está cansado de andar concentrado. En los próximos minutos hablará en inglés del papel higiénico más grande y más largo y más pesado que ha visto en su vida, también recordará hazañas que sus ojos han certificado. Es sábado. Invierno. En Lima hace frío, pero él está entusiasmado: en las siguientes dos horas probará toda la comida peruana que su estómago pueda almacenar con discreción. Un mozo de Pescados Capitales, el restaurante que es conocido porque hace pecar a la gente, le pregunta: ¿Qué se sirve, señor? Juan Carlos Belaunde, el gerente de Asuntos Corporativos de la empresa papelera, sugiere:

--Mira, Danny, yo no sé si tomas alcohol, pero para empezar el banquete no puedes irte del Perú sin probar un pisco sour.

Danny, todavía en calidad de almidón, contesta que efectivamente no bebe mucho, pero que probará el coctel peruano. Que ya terminó su trabajo, que ya certificó el papel, que puede celebrar. ¿Cuánto tiempo demorará en romper su muro de hombre serio? Ese es el reto lanzado en silencio. Después de una copa de pisco sour, el juez se relaja. La apuesta sigue corriendo: ¿No hay primera sin segunda? Danny pide una segunda copa y hasta mataría por una tercera, pero se detiene: no vaya a ser que rompa el récord de la imprudencia. A estas alturas ha dejado atrás su coraza de joven serio y se dispone a contar que, efectivamente, nació en California, que quiere ser escritor y que los viajes le están dando harto material para contar.

--¿Si pudieras batir un récord Guinness cuál te gustaría vencer?

--Conocer todos los países del mundo antes de morir.

Son casi las dos de la tarde y el sabor peruano se instala en la mesa para batir el récord de la lujuria gastronómica. Una causa rellena de cangrejo, calamares a la parrilla en salsa de anticucho, un cebiche mixto clásico. Tres antojos para empezar a descubrir lo que tanto ha leído en los libros de turismo. De plato principal pide chita asada sobre una cama de risotto. Al final de la cena certifica: la comida peruana bate récords de delicia.

--Una pregunta para una persona que suele viajar tanto como tú. Acabas de estar en Uruguay, Dubái, México, China y Londres. ¿En términos de percepción, qué récord baten los peruanos?

--El de la amabilidad. Son personas muy amables, hospitalarias.

El almuerzo está a punto de concluir. La barriga y el rostro del joven juez parecen contentos. Le comentan que en el Perú varios provincianos han lanzado sus propios desafíos: la causa más grande del mundo, el anticucho más grande del mundo, el turrón de Doña Pepa más grande del mundo, la piña más grande del mundo. Lo principal es que sea el más largo, el más pesado, el más alto; algo que pueda ser medido por un juez, aclara Danny. Algo que pueda ser juzgado con un metro y objetividad.

El rollo de papel higiénico que lo trajo al Perú y que ya ha sido inscrito en Guinness cumplió los requisitos: 1.340 kilos de peso, 1 metro 70 centímetros de diámetro y 1 metro 59 centímetros de alto. El peso equivale a la cantidad de papel higiénico que utilizaría una persona durante 100 años de vida. ¿Más? Su superficie de 56.000 metros cuadrados podría envolver completamente el Estadio Nacional. ¿Alcanzaría para que los hinchas peruanos se consolaran de su selección de fútbol, que hace 26 años no va a un mundial? Difícil. Se necesita otro rollo, quizá dos más.

Tres semanas para establecer las condiciones técnicas y doce horas para dar la dimensión adecuada a la rebobinadora. Detrás del rollo gigante que Kimberly Clark Perú ha donado a su programa de becas han estado ocho técnicos peruanos. Así suele suceder. Detrás de cada récord hay un grupo organizador que no duerme para conseguir el objetivo. El juez Girton Jr. es testigo. Ha viajado para certificar cosas inverosímiles y aunque mucha gente critique el Guinness, porque solo se miden extremos, y digan que son esfuerzos de gente ociosa, él refuta con sincera pasión. En primer lugar uno debe conocer los extremos para saber en qué lugar está, en segundo lugar uno debe conocer los extremos para saber adónde quiere llegar. Esa es la receta de su éxito. Danny Girton Jr. valora el esfuerzo: Detrás de un récord siempre existe gente que creyó que podía hacer algo.

--¿Qué es lo más raro que has visto, Danny?

--Una mujer que no se cortó las uñas durante treinta años. Cuando certificamos el récord, sus uñas medían siete metros tres centímetros.

Danny también ha visto a 269 elefantes comiendo cincuenta toneladas de frutas y verduras. El banquete fue en Tailandia. Eso es lo excitante: viajar, conocer, descubrir cosas raras. Vivir los extremos.

Últimos recuerdos Guinness en el 2008
6 de junio: En México se presenta el tablero más grande de twister, cubre casi tres canchas de básquetbol. El tablero midió 39,9 metros.

28 de mayo. En Londres la comuna de Andalucía organiza el baile de sevillanas más concurrido del mundo. Participan 456 bailarines.

20 de abril: La mayor ceremonia de renovación de votos matrimoniales se realiza en Barcelona: 338 parejas asisten vestidas como en el día de su boda.

13 de abril. Los uruguayos organizan el asado más grande del mundo. Midió 1.493,2 metros. Se cocinaron 12 mil kilos de carne.

16 de marzo. En Miami se organiza el mayor número de gente jugando dominó en simultáneo. 78 jugadores se reúnen en la Calle Ocho.

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