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CONFERENCIAS. VARGAS LLOSA, MARÍAS Y PÉREZ REVERTE

Instrucciones para escribir buenas historias

EL ESCRITOR PERUANO Y DOS DE LOS MÁS CELEBRADOS AUTORES ESPAÑOLES COINCIDEN EN SANTILLANA DEL MAR PARA CONFESAR A UN PÚBLICO ESPECIALIZADO LAS MOTIVACIONES Y CLAVES DE SU ESCRITURA

Por Yolanda Vaccaro. Corresponsal

SANTILLANA DEL MAR, ESPAÑA. "Contar una historia bien contada". Ese es el ideal de todo escritor, según Mario Vargas Llosa. El lunes pasado, el peruano fue el maestro de excepción en la primera jornada de "Lecciones y maestros", foro organizado por la Fundación Santillana y la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, realizado en Santillana del Mar (Cantabria).

Ante un auditorio formado por críticos, editores, periodistas y escritores como Arturo Pérez Reverte y Javier Marías (los otros dos maestros que disertaron en el foro), Vargas Llosa desgranó los elementos fundamentales que lo han formado. Desde unos inicios apasionados por la técnica, hasta una convicción de que el tema también importa, Vargas Llosa explicó los orígenes y la evolución de su oficio. Y lo hizo con una exposición cabal que dejó embelesado al público.

Al principio, la técnica --recordó-- lo obsesionó por contraste con los autores latinoamericanos que leía. "Cuando comencé a escribir, la idea de la técnica casi no existía entre los escritores. Una de mis primeras actividades periodísticas, cuando era estudiante, fue una serie de entrevistas a diferentes escritores peruanos a mitad de los años 50. A todos les pregunté sobre la técnica literaria y cuáles eran sus preocupaciones formales a la hora de escribir. Me sorprendió que casi todos rehuyeran la respuesta o hablaran de la técnica y la forma con desdén, como si esas preocupaciones constituyeran una amenaza entre la literatura y la vida", dijo.

Prosiguió: "Decían que para escribir bien hay que vivir de una manera densa, profunda. Lo importante era tener un buen tema con fuerza dramática, que sedujera al lector por su carácter inusitado, por la personalidad desbordante de los protagonistas. Marcadas por el costumbrismo y el regionalismo, lo frecuente en esas historias era la extraordinaria desarmonía entre aquello que contaban y la manera como estaban contadas esas historias, simples, situadas en el medio rural y, sin embargo, con un lenguaje ampuloso, recargado, artificioso, desconectado del habla viva y corriente de las gentes".

"Ese contraste --precisó-- fue lo que me descubrió la importancia de una escritura que se adaptara a la historia y a los personajes y que fuera convenciendo al lector persuadiendo con la historia que quería contar".

EL NARRADOR
Vargas Llosa recordó que en sus tiempos de aprendiz de escritor fue un hecho decisivo comprender "la importancia capital del narrador en toda historia que se escribe". Continuó: "Me di cuenta de que el narrador es el personaje más importante de toda historia, un personaje que siempre es inventado y que, por supuesto, no es nunca el autor. Un autor es un personaje de carne y hueso y un narrador es solo un personaje de palabras que solo existe mientras dura esa historia que cuenta, un personaje del que depende enteramente todo lo que ocurra en la historia y cómo ocurra. Todo esto lo fui descubriendo no solo de una manera intuitiva, sino también a base de contrastes con autores para los que la técnica era un ingrediente de la originalidad de aquello que contaban".

FAULKNER Y FLAUVERT
En este contexto, Vargas Llosa también rindió homenaje a quienes fueron sus propios maestros. Recordó el deslumbramiento que sintió al leer los libros de William Faulkner, a mediados de los años 50. "Fue el primer escritor al que leí con lápiz y papel en la mano, tratando de organizar de manera esquemática esas estructuras que tenían sus historias no solo por la manera como narraba, sino también por la manera como estaba organizado el tiempo del relato", apuntó.

Asimismo, Vargas Llosa señaló que Gustave Flaubert fue quien le enseñó "el tipo de escritor que quería ser y andaba buscando sin saberlo". "Es muy estimulante para un escritor que no tenía facilidad para escribir, al que incluso un texto muy breve le costaba un trabajo descomunal, llegar a ser genial a base de terquedad y perseverancia. Me estimuló tremendamente. Así también descubrí que la literatura realista expresaba mejor el tipo de escritor que yo quería ser. Era el tipo de realismo que buscaba, que no era el realismo 'pinturesquista', costumbrista de la literatura latinoamericana con la que yo había crecido".

JAVIER MARÍAS
El autor que escribe con brújula
"La única manera de contar algo verdadero es bajo el elegante y pudoroso disfraz de una invención, ya que de esta manera el narrador nunca se va a plegar a las groseras imposiciones de la realidad". Eso es lo que opinó el escritor Javier Marías en el foro "Lecciones y maestros", que se celebra en Santillana del Mar, un día después de la intervención de Mario Vargas Llosa. Marías confesó que escribe "con brújula y no con mapa (porque) si conociera de antemano la entera historia que me dispongo a contar, si la tuviera íntegra en la cabeza antes de ponerme a escribir, lo más probable es que ni siquiera me molestaría en escribirla. Si lo supiera todo desde el principio, ¿qué gracia tiene ponerlo sobre el papel si no voy a averiguar nada?".

Para Marías, "la realidad es una novelista pésima, pues ni elige ni ordena ni dosifica", y "carece de estilo" porque "desconoce aspectos como las pausas y los ritmos. En ocasiones arroja demasiada luz y en otras tantas tinieblas, a menudo le falta ritmo y está llena de tiempos muertos o bien se agolpan los acontecimientos". El autor sostuvo que quienes escriben sobre historias reales se contradicen porque "recurren a la veracidad de los hechos como aval para lo que están relatando".

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