FILMOTECA. Ciclo "Ernst Lubitsch"
A estas alturas hablar del toque Lubitsch es mencionar un capítulo indispensable de la historia del cine. Un momento decisivo para el desarrollo de la narrativa cinematográfica, especialmente en el terreno de la comedia.
Y la Filmoteca PUCP en su cuarto aniversario nos ofrece un completísimo ciclo dedicado a ese gran narrador que fue Ernst Lubitsch. Un cineasta alemán que habría de cambiar los cánones de la comedia en Hollywood, al imponer un estilo elegante y audaz, provocador y sensual. Un hombre capaz de crear películas como "El príncipe estudiante" (1927), "Ninotchka" (1939) y "Ser o no ser" (1942).
EL MAESTRO
Ernst Lubitsch nació el 28 de enero de 1892 en Berlín. Dejó la escuela a los 16 años para dedicarse al teatro y allí pasó buena parte de su juventud como actor. En 1911 tuvo su primer contacto con el mundo del cine y tres años después ya estaba escribiendo y dirigiendo películas.
Llamó la atención con el estreno de "Los ojos de la momia" (1918), que convirtió en estrella a la actriz Pola Negri, protagonista de varias de sus cintas. Se trataba de películas de épocas que recreaban la vida de alguna mujer fatal de la historia y la literatura, como Carmen, Madame du Barry y muchas otras. Esas cintas dieron la vuelta al mundo y comenzaron a darle cierto prestigio a su director. Sin embargo, sería la sátira "La princesa de las ostras" (1919) la que llamó la atención de Hollywood.
Fue Mary Pickford (1892-1979), la actriz más importante del cine mudo, quien llamó a Lubitsch a Hollywood. El resultado de esa colaboración fue "Rosita" (1923), una cinta rodada en constante tensión y que finalmente no gustó ni a la actriz ni al director. Sin embargo, sirvió como punto de partida para una carrera excepcional en Hollywood.
En aquella época, Lubitsch, como muchos otros cineastas, ya no se encontraba seguro en Alemania y la oferta de trabajo en Estados Unidos fue providencial.
Fue la cinta "Los peligros del flirt" (1924) la que definió el futuro del realizador alemán. Allí estaban contenidos todos los elementos que habrían de brillar en sus siguientes filmes: la elegancia narrativa, la sensualidad abierta y la sofisticación del absurdo.
Cuando el cine comenzó a hablar en 1927, el estilo de Lubitsch se estaba consolidando. Y la Paramount lo reclutó para que diera rienda suelta a su creatividad. Lubitsch realizó una serie de títulos extraordinarios como "El desfile del amor" (1929), "Monte Carlo" (1930), "The Smiling Lietutenant" (1931) y "Una hora contigo" (1932), que cambiaron para siempre la manera de hacer comedias musicales.
Pero era solo el comienzo de una carrera brillante. Dejando de lado la música, el maestro ofreció lo mejor de sí con "Trouble in Paradise" (1932), una absurda historia de ladrones de joyas en la Europa de entre guerras. Herbert Marshall, Kay Francis y Miriam Hopkins dieron lo mejor de sus talentos en este disparatado cuadro de conducta inmoral que fijaría para siempre el estilo de su autor.
LA LEYENDA
Ernst Lubitsch adquirió tal prestigio en Hollywood que la Paramount le encargó no solamente la dirección de películas, sino también el control de la producción de entonces. Así, su trabajo como director fue espaciándose cada vez más, aunque se dio tiempo para alguna excentricidad como "Ángel" (1937), con una adúltera Marlene Dietrich, y la menos celebrada, aunque igualmente deliciosa, "La octava mujer de Barba Azul" (1938), con Claudette Colbert y Gary Cooper.
A finales de los años 30, un nuevo giro profesional lo llevó a la Metro. Y cuando parecía que ya había dado lo mejor de sí, Lubitsch dirigió dos piezas fundamentales de la comedia: "Ninotchka" (1939), sátira anticomunista protagonizada por Greta Garbo; y "El bazar de las sorpresas" (1940), una sencilla historia de amor con Margaret Sullavan y James Stewart que se convertiría en modelo a imitar a través de los años.
Pero no serían sus mejores y últimos trabajos. Incansable, Lubitsch se las arregló para revitalizar todo el espectro de la comedia y durante la Segunda Guerra Mundial hizo lo que nadie se atrevía a hacer: reírse de los nazis. Y el resultado fue "Ser o no ser" (1942), en la que una compañía de teatro en Polonia se burla abiertamente de Hitler.
Sus últimas películas no dejaron de tener el encanto de las anteriores. Especialmente "El cielo puede esperar" (1943) y "Cluny Brown" (1946).
Ernst Lubitsch murió el 30 de noviembre de 1947. Desde hacía unos años sufría seriamente del corazón y debido a ello debió abandonar el rodaje de "A Royal Scandal" (1945), que terminó Otto Preminger, quien también habría de finalizar "La dama de armiño" (1948) tras la muerte del maestro.
La pérdida de semejante artista fue un duro golpe para la industria de Hollywood. En su funeral dos de los futuros maestros del cine resumieron el impacto que esa pérdida significaba para el cine. Billy Wilder dijo: "No más Lubitsch". Y William Wyler recalcó: "Peor que eso. No más películas de Lubitsch".
LAS JORNADAS
Para conocer y comprender mejor el cine de tan importante cineasta, la Filmoteca ofrece dos jornadas de proyecciones de algunas de sus mejores películas mudas.
Sábado 21, 10 a.m.- 4 p.m.: "Schuhpalast Pinkus" (1916), "Das Fidele Gefángnis" (1917), "Madame du Barry" (1919), "La mujer del faraón" (1922) y fragmentos de "El patriota" (1928). Una extraordinaria ocasión de acercarse a los primeros aciertos de quien habría de convertirse en un maestro.
Sábado 28 de junio, 10 a.m.-4 p.m.: "Romeo y Julieta" (1920), "El abanico de lady Windermere" (1925), "La locura del charlestón" (1926) y "El príncipe estudiante" (1927). Este programa es excepcional, incluye dos obras maestras y una película única ("La locura del charlestón"), que cimentó las bases de la comedia de alcoba. Indispensable para cinéfilos, aficionados y cineastas en ciernes.