Por Nelly Luna Amancio
Huancavelica. El 25 de agosto de 1970 nacieron en San Pablo de Occo, una comunidad campesina de Anchonga, las mellizas Úrsula Juana Urbina Machuca. Ese día de frío y seco invierno andino, ambas fueron registradas con el mismo nombre en una sola acta de nacimiento. Desde entonces la historia de sus vidas es un mosaico de vacíos, olvidos e imprecisiones. Para diferenciarlas sus padres llamaron Juana a una y Úrsula a la otra. Con ese único documento hicieron sus vidas. Se lo prestaron cada vez que alguna lo necesitaba. Lo compartieron en bautizos y matrimonios. Incluso, con esa única partida las dos tramitaron sus documento de identidad.
El drama empezó cuando hace unos tres años el Reniec le canceló el DNI a Juana y reconoció solo el de Úrsula creyendo que se trataba de una sola persona. En su base de datos, el Reniec registra a una sola Úrsula Juana Machuca Urbina, de 37 años, 1,5 m de altura, analfabeta, con la foto de Úrsula. Es ella la que existe legalmente, la que vota en cada elección y la que ahora se beneficia con el programa Juntos. Juana es la invisible, la que tiene que demostrar que existe.
Dicen que alguna vez su padre les contó que fue el médico del hospital --no recuerdan cuál-- el que recomendó colocarles un solo nombre porque una de ellas --no saben quién-- presentó serias complicaciones al nacer. "Es probable que una de ellas no viva", habría dicho el doctor, cuenta en quechua Juana. Con frecuencia recomiendan a los padres de mellizos o gemelos colocarles el mismo nombre para amenguar el dolor de la madre si es que llegase a perder a uno de sus hijos. Y eso ocurre continuamente en los Andes, donde es improbable que una familia pobre otorgue el mismo cuidado y alimentación a dos recién nacidos.
Todo esto lo contaron las mellizas de Anchonga luego de escarbar varios minutos en su memoria. Y, claro, Úrsula recordó también que don Alejandro, su padre, antes de estos sucesos había pensado llamarlas Carmen Rosa y María Rosa. No recuerdan más. Tampoco cómo tramitaron sus libretas militares y posteriormente sus idénticos DNI con diferentes fotos, sin que nadie lo advirtiera.
UN VOTO Y VARIAS BODAS
Las mellizas de Anchonga evaden la mirada con esa indescifrable timidez que caracteriza al poblador andino. Cuando sonríen --sea de contentas o nerviosas-- se cubren la boca, como si las avergonzara ser observadas. El día que las encontramos estaban juntas en una charla de capacitación en la posta de salud. No fue difícil ubicarlas porque en comunidades como San Pablo de Occo todos se conocen. Si no son primos, son tíos o sobrinos.
Úrsula y Juana compartieron el útero, pero no la misma placenta. Su poco parecido físico delata que son mellizas y no gemelas, pero revela también que viven en diferentes altitudes. La piel de Úrsula, a diferencia de su hermana, exhibe las cicatrices que el sol y el frío estampan en el trabajo de campo en las alturas. Luce las mejillas tostadas y los labios cuarteados.
Juana en cambio es pálida. Vive en el centro de San Pablo de Occo. Tiene una tienda donde vende comida y algo de abarrotes. Cría sola a sus cinco hijos. El 2004 su esposo le dijo que iría a trabajar a Pichanaki en el cultivo de café. Desde entonces solo ha vuelto una vez para dejarle 150 soles. Y de eso hace ya más de un año.
Juana dice que se casó por civil y por la Iglesia. Úrsula, solo por esta última. En ninguna de estas bodas hubo algún problema con los documentos de identidad. Sin embargo, ahora, al ser Úrsula la única que existe legalmente, ella figuraría en el papel como cónyuge del esposo de Juana. Absurdos jurídicos en un sistema imperfecto a la distancia.
Los problemas con los documentos de identidad son, después de los casos de violencia familiar, las quejas más frecuentes de las comunidades en Huancavelica, dicen en la Defensoría del Pueblo.
EN BUSCA DE UN NOMBRE
A San Pablo de Occo se llega por una atrevida carretera de tierra revuelta y cumbres cardíacas. Los intensos colores de las prendas de sus habitantes contrastan con la pobreza de su tierra y con los marrones de sus calles y casas de adobe. Salvo los domingos de feria todo es exageradamente tranquilo en esta comunidad ubicada a una hora y media de Lircay, la capital de la provincia de Angaraes.
En Anchonga, como en la mayoría de distritos pobres de Huancavelica, hay algo más dramático que la pobreza material: una cultura de la pobreza arraigada por siglos, el sentimiento de resignación de sus pobladores que entierra cualquier atisbo emprendedor. Aquello que los hace creer que siempre estarán así, como si se tratara casi de un estado natural o una eterna mala suerte. La pobreza estructural, la llamó Jorge del Castillo cuando visitó Huancavelica a inicios de junio.
Las mellizas de Anchonga viven en medio de esa pobreza asfixiante. El día que llegamos fue un domingo de feria, el único día en el que no hay tiempo para la tristeza. Los muchachos se olvidan por unas horas del campo y del hambre y acuden al centro de la comunidad para jugar, cortejar o simplemente chismear. Los adultos hacen un lado sus quehaceres agrícolas y recorren los puestos de los comerciantes tratando de comprar o intercambiar productos de primera necesidad.
A un costado de la feria fue que Juana nos mostró su DNI, emitido el 2001 y cuya fecha de caducidad es supuestamente el 2009. Estaba limpio, sin un solo sello electoral. Juana nunca votó pero eso no la incomodó hasta el día que la rechazaron del programa Juntos. Le dijeron que su DNI no tenía validez porque ya había otra persona registrada con esos datos, su hermana Úrsula. Solo entonces comprendió que algo tenía que hacer.
Los funcionarios del Reniec dicen que en este caso analizarán esa única partida de nacimiento para luego crear una segunda. Pero eso demoraría unos meses más. La Defensoría le ha planteado a Juana otra opción: bautizarse con otro nombre. En esta historia serán los hijos los que busquen un nombre para su madre y no al revés. Juana ha encomendado a sus hijos mayores esa tarea y ellos han elegido Priscila.
--¿Te gusta ese nombre?
--Será para el documento nada más... Yo solo me oigo en Juana.
Juana ríe. Se tapa la boca. Esconde la cara. El drama de las Urbina Machuca probablemente se hubiera evitado con una mejor información a los padres o tal vez con menos dejadez en el registro. Todo es posible en zonas tan distantes e invisibles en los mapas, como que unas mellizas convivan durante 38 años con una sola partida de nacimiento sin que nadie lo advierta.
Más de 1'200.000 indocumentadosSegún la Defensoría del Pueblo, aproximadamente 500 mil personas están sin partida de nacimiento, lo que les imposibilita hasta ahora obtener su Documento Nacional de Identidad (DNI). Asimismo, de acuerdo a las cifras de la Encuesta Nacional Continua 2006, elaborada por el INEI, el número de personas indocumentadas en todo el país es mayor que 1'200.000. Solo en Huancavelica --precisan las proyecciones del Reniec a mayo de este año-- existen 191.289 indocumentados y más del 95% de ese total corresponde a menores de edad.
El problema principal a la hora de otorgar el DNI es la destrucción de los libros de diversas oficinas de registro civil como consecuencia de la violencia política.
No obstante, el Informe 130 de la defensoría señala por ejemplo que se desconoce el número de oficinas de registro civil que fueron quemadas. "Solo se sabe que 251 oficinas están autorizadas a reinscribir. Está pendiente determinar el total de registros siniestrados así como el número de personas afectadas.
La reinscripción de los indocumentados se rige por la Ley 26242, una norma que la defensoría cuestiona pues considera que traslada al afectado la responsabilidad de iniciar su trámite de reinscripción. En el informe se advertía que en muchas oficinas de registro cobraban entre 1 y 30 soles.