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Hiddink y su triple revolución

La esquina. El 'Holandés Errante' ya había dirigido con éxito a Corea y Australia

Por El Veco. Escritor y periodista

En Seúl lo consideran casi coreano porque en el Mundial 2002 llevó a su selección a semifinales y juran que por eso jamás le sirvieron carne de perro (¡faltaría menos!). En Australia es tan popular como el canguro por haberlos clasificado a la justa máxima de Alemania 2006, tachando a Uruguay en la repesca final. En Rusia concreta su tercera revolución exitosa fuera de su patria pase lo que pase el jueves ante España.

Los hinchas moscovitas ayer se bañaron con vodka y hubo afiches con su foto hasta en la Plaza Roja tras haber eliminado a la destacada Holanda y fue vapuleado en el suplementario con un rotundo 3-1 final. Y aquí cabe precisar la preponderancia del volante Arshavin, jugadorazo, 10 en la espalda y 10 en la cancha, autor de uno de los goles en el espectacular cierre al que sucedió la hidalga felicitación del técnico holandés Van Basten: "Nada que objetar --dijo-- fueron mejores y punto".

Lo más significativo fue que Hiddink (61) ganó sin apartarse del clásico esquema holandés; anticipación, presión firme sobre el rival cuando perdemos el balón y pelotazo al 9 para que juegue hacia los costados. Por eso había advertido el viernes: "No me sentiré traidor si elimino a Holanda". Este gran sabio trotamundos --sigamos con su historia-- se hizo políglota a la fuerza, porque dirigió hasta al Fenerbahce turco. En su país había ganado todo: con el PSV logró la Champions del 88, obtuvo cinco títulos de liga y en su segunda etapa cobijó a Jefferson Farfán en su desembarco europeo y el ex aliancista admitió la influencia tranquilizadora en el inevitable derecho de piso que siempre se paga. Con el Real Madrid ganó la Copa Intercontinental del 98. Tiene libreto claro, el ya expuesto, y además sabe llegar al jugador, lo ubica en su mejor sitio, lo motiva y le da un fondo físico indispensable, ese mayor rollo que también marcó diferencias en el gran partido del sábado.

Algunos lo llaman el 'Holandés Errante', viajero vocacional. Nació el 8 de noviembre de 1946 en Varsseveld, fue volante del De Graafschap y no ganó ningún título como futbolista tras haber jugado antes en el PSV y el NEC. Como técnico se consagró en su tierra y después salió a recorrer el orbe.

Un apunte final que indica cultura asentada.

¿Ustedes se imaginan lo que habría pasado si Daniel Passarella, cuando dirigió a Uruguay, festejaba un gol ante Argentina? La respuesta es clara: no podía pisar más Buenos Aires. En Europa el festejo de Hiddink fue la reacción lógica de un profesional honesto que desea el triunfo de la selección que le paga y se tomó como el hecho más natural del mundo.

Por eso gritó los goles de Rusia como si fuera un barquero del Volga, bisnieto de Pepe Stalin y ahijado de Nikita. ¡Si seremos distintos!

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