Fue un encuentro de situaciones extremas. El sólido y emprendedor San Martín frente al alicaído y quebrado Boys. En el fútbol las cuentas bancarias no sirven para anotar goles y ayer los rosados apelaron al orgullo para alejarse un poco de la agonía. Un empate que no los salva aún de la zona de descenso, pero que los llena de convicción para seguir respirando.
San Martín no pudo con un rival golpeado por el informalismo. Sin fútbol ni vocación por el ataque, los santos no aprovecharon las carencias rosadas y se sumaron a ese concierto de patadas que reemplazaron al buen trato del balón. Al final hubo tres expulsados, pero debieron ser más.