El oído convierte las vibraciones del aire en señales que envía al cerebro. Una corriente eléctrica puede tener un efecto similar sobre el nervio auditivo
Por Tomás Unger
Hace más de 200 años, cuando Alessandro Volta puso electrodos en sus oídos, descubrió que la corriente eléctrica 'suena'. Además de un buen sacudón, por los 50 voltios de su pila, Volta oyó algo 'como agua que hervía'. Posteriormente, otros repitieron el experimento sin asociarlo con un uso práctico. Recién en el siglo XX se pensó en usar la electricidad para mejorar la audición. El primer paso fueron los audífonos, que reemplazaron a la corneta que se ponían en el oído quienes tenían dificultades de audición.
El audífono evolucionó gracias a la electrónica hasta volverse un artefacto muy pequeño cuya función es amplificar el sonido. Esencialmente el audífono es un micrófono y un parlante dentro del conducto auditivo provisto de energía por una pequeña batería. Si bien le ha resuelto el problema a millones de personas, el audífono no ayuda a quienes tienen sordera profunda, que se origina en una falla del órgano de Corti (ver esta página de fecha 13 de mayo del 2008). Esta es la parte del oído interno en la cóclea (llamada así por tener la forma del caracol), donde el sonido hace vibrar pequeños pelos conectados al nervio auditivo. Cuando este mecanismo deja de funcionar, la sordera no puede remediarse con un audífono.
LA ESTIMULACIÓN DIRECTA
En los años 50 dos cirujanos franceses informaron que habían aplicado corriente al nervio auditivo de un paciente durante una operación y este había oído sonidos. El doctor W. F. House (nada que ver con el de la serie de televisión), quien había fundado una clínica para el oído en California, se enteró del experimento de los franceses y decidió intentar un implante en pacientes totalmente sordos. Su propósito era ayudar a leer labios a quienes habían perdido totalmente el oído. En 1969 el doctor House implantó un electrodo en tres pacientes y obtuvo los resultados limitados que esperaba.
Mientras tanto, un investigador australiano de la Universidad de Melbourne, el doctor G. Clark, trataba de desarrollar un artefacto similar para su padre, quien había quedado sordo. El doctor Clark implantó varios electrodos en la cóclea de un paciente para ser activados por la corriente producida por un pequeño parlante. El implante hecho por Clark en 1978 tuvo éxito y dio inicio a una nueva tecnología. Pasaron seis años hasta que el procedimiento fue aprobado en EE.UU., tanto para adultos como para niños que habían nacido con un defecto grave de audición.
CÓMO FUNCIONA
A diferencia del audífono que simplemente amplifica (hace más fuerte) el sonido y lo produce cerca del tímpano, el impacto coclear u oído biónico procesa el sonido y envía impulsos eléctricos directamente al órgano de Corti. Para lograr esto se requieren varios componentes, unos externos y otros internos. Afuera está un micrófono que capta el sonido y a través de un filtro selecciona las frecuencias usadas en la voz humana. Un transmisor, colocado detrás de la campana de la oreja, envía la señal electromagnética (como una radio) a la parte interna.
Debajo de la piel hay pegado al hueso un receptor que convierte la señal recibida del transmisor en impulsos eléctricos, que envía a través de un cable hasta la cóclea. Los impulsos son distribuidos en ella por hasta 22 electrodos y captados por los nervios que llevan al cerebro. Los pelos de la cóclea están distribuidos de acuerdo con las frecuencias del sonido que deben recibir, con los bajos en la parte central y hacia afuera las frecuencias cada vez más altas. Por esto, aunque los pelos del órgano de Corti no funcionan, los electrodos se distribuyen de modo que activen las diversas partes, simulando el efecto de diferentes frecuencias.
La parte externa del aparato --micrófono, procesador y transmisor-- se puede quitar (por ejemplo para bañarse, para nadar). En los niños pequeños, para asegurarlos mejor, los componentes externos van en un collar o en la cintura. Actualmente los australianos están experimentando un nuevo sistema en el cual todos los componentes se implantan bajo la piel.
El implante en ambos oídos ayuda a ubicar las fuentes de sonido, pero su uso recién se ha iniciado. Se calcula que de las aproximadamente 120.000 personas con implante coclear, unas 3.000 lo tienen en ambos oídos, de las cuales 1.600 son niños. Hasta el momento el paciente más joven de implante bilateral es un bebe alemán que no había cumplido 6 meses.
PACIENTES Y RESULTADOS
Entre los diversos tipos de sordera, los candidatos a un implante coclear tienen que reunir ciertas condiciones. Además de tener en ambos oídos una sordera profunda originada en la cóclea, deben tener un nervio auditivo que funciona. Asimismo tiene que haber pasado poco tiempo desde que perdieron el oído, deben saber hablar bien y manejar el idioma. En el caso de niños muy pequeños, que aún no han aprendido a hablar, la familia tiene que estar dispuesta a una larga terapia lingüística. Si cumplen todos estos requisitos, los candidatos a un implante coclear no pueden tener un impedimento para la cirugía y deben estar dispuestos a seguir un proceso de rehabilitación.
Cuando se dan todas estas condiciones los resultados pueden ser sorprendentes. Al parecer el cerebro adapta las señales recibidas para asociarlas con el movimiento de labios y el sonido percibido facilita enormemente la comunicación verbal. En algunos casos la reproducción de sonido es tan eficiente que hace posible hablar por teléfono. No hay una estadística sobre el nivel global de los resultados del implante coclear, pero el solo hecho de la creciente demanda es un indicio de que los resultados son positivos.
Actualmente existen tres empresas que se dedican a la investigación y fabricación del oído biónico. Una es la pionera Cochlear, de Australia, las otras dos son: MED-EL de Austria y la Advanced Bionics en EE.UU.
Los tres fabricantes están desarrollando nuevos tipos de electrodos, ya que consideran que este es el componente que puede producir los mayores progresos en la eficiencia del sistema. En cuanto a la cirugía misma, esta es relativamente sencilla y se hace con anestesia general. El implante se hace a través de una perforación al hueso mastoideo, por donde se insertan los electrodos a la cóclea. La operación demora entre una hora y media hasta cinco horas y, por lo general, no requiere de hospitalización.
El sistema se activa recién después de un tiempo, que puede ser desde una semana hasta un mes, y los resultados no son inmediatos. En el caso de los niños que nacieron sordos, se necesita una terapia especial que puede tomar años, como lo requiere el aprender a dominar el lenguaje. La participación de las personas del entorno es crucial para obtener buenos resultados.
Un problema para quienes tienen implantado el oído biónico son los rápidos avances del sistema. Así como muchos no quieren cambiar de computadora porque esperando un poco más podrán duplicar la capacidad de memoria y procesamiento, la tecnología del implante también progresa a saltos. A fines del año pasado se calculaba que había 120.000 personas con implantes cocleares.
EL FUTURO
Por el momento el implante coclear, u oído biónico, tiene varias limitaciones. Para bañarse hay que apagarlo y sacar el componente externo. Un campo magnético muy fuerte o mucha corriente estática puede borrar la memoria del procesador. Sin embargo, el implante tiene pocos efectos negativos en el organismo y quienes lo tienen no han mostrado efectos secundarios peligrosos.
Actualmente, el principal freno a la mayor difusión del oído biónico es su costo, que incluye el aparato, la cirugía y el proceso de rehabilitación: entre US$50.000 y más de US$100.000. Un parlamentario británico que perdió el oído tiene el implante y puede conversar. Dice que sus interlocutores suenan "como extraterrestres con carraspera, pero se les entiende todo".
Los investigadores de la clínica del doctor House creen que, al paso que avanza la tecnología, pronto los extraterrestres perderán la carraspera y un día con el oído biónico se podrá escuchar música.