Los días que estuvo en Lima apenas le alcanzaron para recibir homenajes y premios de todo tipo. Cheques de auspiciadores, reconocimientos públicos, incluso una recepción en Palacio de Gobierno, en la que, bien al terno, tuvo que apurar un vaso de pisco al lado del jefe del Estado (y el gesto en la cara de Lucho delató su falta de costumbre). Allí mismo le adelantaron el premio mayor: los laureles deportivos. Ayer, el ofrecimiento del presidente Alan García y del jefe del IPD, Arturo Woodman, finalmente se concretó.
Dentro de poco, Luis Horna será un nuevo nombre inscrito en el frontis del Estadio Nacional, gracias a la Resolución 013-2008 del Tribunal Superior de Justicia Deportiva y Honores del Deporte que le concede los Laureles Deportivos en el grado de Gran Cruz, el más alto.
Lucho es el segundo tenista que logra esta distinción. El primero fue el 'Cacique' Alejandro Olmedo, ganador del torneo de Wimbledon de 1959, con victoria en la final sobre el legendario Rod Laver, considerado junto con Sampras, Borg y Federer como uno de los más grandes de todos los tiempos. Lo de Lucho está en una altura parecida: campeón de dobles de Roland Garros junto con el uruguayo Pablo Cuevas. Ellos y el ecuatoriano Andrés Gómez son los únicos sudamericanos que han podido ganar el abierto francés en la modalidad de parejas.
Precisiones legales
No es la primera vez que se propone otorgar la máxima distinción del deporte peruano a Horna. Algo parecido se sugirió (mucho más tibiamente) el año pasado, cuando, junto con Iván Miranda, logró la hazaña de meter al Perú en el Grupo Mundial de la Copa Davis.
Pero la normativa sobre el tema es bien clara: el reglamento de la Ley del Deporte (que data del 2004, pues antes los criterios para entregar esta distinción eran mucho más abiertos, llegando incluso a lo arbitrario) estipula que para obtener los Laureles Deportivos en el grado de Gran Cruz es necesario que el deportista presente como credenciales "un récord del mundo o un título del campeonato mundial en la categoría de la más alta jerarquía o un récord olímpico o título de campeonato de los juegos olímpicos". Condiciones que, en el sentido estricto, no se cumplen en el caso de Horna.
Incluso el titular del IPD, Arturo Woodman, reconoció la dificultad cuando se disculpó con Lucho en Palacio de Gobierno por no entregarle la distinción (en su lugar le otorgaron otra: el Colibrí de Oro).
"Tenemos que dártelos", señaló Woodman en ese momento.
Alan García asintió. Era el preludio de la salida que finalmente se encontró: en su resolución, el Consejo Superior de Justicia Deportiva y Honores del Deporte (CSJDHD) considera que el triunfo de Horna en Roland Garros "puede ser considerado como haber obtenido el título de campeonato mundial en la categoría de más alta jerarquía".
"Se trata de un Grand Slam, que es un título en el ámbito mundial, por eso hemos juzgado que le corresponde. El Roland Garros es algo de primera categoría y por eso, con decisión de todos lo miembros, hemos decidido dar los laureles deportivos al señor Horna", ratificó el doctor Jorge Guizado Salcedo, presidente del CSJDHD.
Guizado detalló que la Federación de Tenis presentó la solicitud de los laureles deportivos para Lucho y que la misma fue secundada por el IPD.
La ley señala que es potestad del IPD designar un lugar para inscribir el nombre del deportista. Mediante un comunicado, esta institución ya confirmó que será el Estadio Nacional. Muy pronto el nombre de Horna estará entre los grandes del deporte peruano. Eso sí, de pleno derecho.
ENFOQUE
Cuestión de merecimientos*
La argumentación legal parece discutible, tanto como señalar que el Roland Garros es una especie de campeonato mundial de tenis (si existiera tal cosa, tendría que ser la Copa Davis). No es discutible, en cambio, el merecimiento del título otorgado a juzgar por los logros deportivos.
A estas alturas de su carrera, Lucho Horna ha acumulado suficientes méritos en su carrera como para merecer un lugar en el panteón de los nombres ilustres de nuestro deporte. Y lo ha hecho tanto a título individual (con una carrera que ya lleva cerca de siete años entre los mejores 100 del mundo) como en representación de su país, con su comprobado entusiasmo cada vez que le ha tocado jugar la Davis, y que lo ha llevado incluso a salir a la cancha lesionado o enfermo del estómago.
El Perú entero agradece estos gestos y las alegrías que nos viene dando Lucho. En estos tiempos en los que la selección de fútbol nos pone rojos de la vergüenza, Horna trae un título por año (Acapulco el 2006, Viña el 2007, París el 2008) y nos recuerda que el Perú todavía puede ser campeón. Lástima nomás que la ley tenga que interpretarse de una manera un tanto extraña para poder darle un honor que, acorde con nuestra realidad, le corresponde. Porque --pongámonos serios-- pedir récords mundiales en el Perú es algo irreal.
* Jaime Cordero C.