Por Jack Lo Lau
Es un clásico y, como tal, hay que visitarlo. A 105 kilómetros al norte de Lima y a 150 metros sobre el nivel del mar, florecen las Lomas de Lachay. Una reserva nacional que presenta uno de los microclimas más particulares de toda la costa peruana. ¿Qué lo hace tan especial? De junio a octubre, la niebla que llega a consecuencia de los vientos alisios del Océano Pacífico se encuentra con las montañas y hace explotar una inigualable variedad de vegetación. Si usted va en época seca y después en los meses más productivos, se dará cuenta de lo que le hablamos. El cambio es radical. Es como si el desierto del Sahara se llenara de plantas y animales silvestres de la noche a la mañana.
En estos meses, en los que recomendamos visitarla (de junio a octubre), la neblina es densa y se llega a sentir en todo el cuerpo. El panorama es impresionante. Por donde se mire, todo es verde. Nadie creería que antes hubo civilizaciones en la zona, por lo cambiante de su microclima, sin embargo, se han encontrado rastros arqueológicos de influencia Chavín y Tiahuanaco, por nombrar las más importantes.
Cuando visite esta reserva, nombrada como tal el 21 de junio de 1977, no se olvide de ir con una casaca ligera que lo proteja del frío, ya que a pesar de que la temperatura promedio en sus 5.070 hectáreas no supera los 15 °C, cuando empiece a caminar no le quedará más remedio que despojarse de su abrigo. Hay leves lloviznas, pero que no molestan, al contrario, le dan un sabor más dulce a su estancia. Su flora y fauna son especiales. Encontrará 96 especies vegetales, entre las que destaca la tara y el mito. A estos se le suman las más de 50 especies de aves y los zorros andinos, los zorros costeños, el zorrino y el venado gris, por nombrar las especies más significativas.
Disfrute el paseo, no pierda más tiempo y emprenda un pequeño viaje que puede hacerlo en un solo día junto con toda su familia. Después, si la caminata de un par de horas lo deja con hambre, puede irse a Huacho o Barranca a disfrutar de su preciada gastronomía.