"Este no es el fin, sino el principio de una etapa de desarrollo común y mutuo", es la primera lección que Xenia Forno, socia del área de recursos naturales del Estudio Rubio, Leguía, Normand & Asociados, saca de su experiencia en la obtención de la licencia social de las comunidades de La Encañada y Michiquillay, con cerca de 2.000 comuneros, por parte de la minera Anglo American. La empresa ha comprometido inversiones por US$403 millones en la exploración y explotación del yacimiento de Michiquillay, en Cajamarca.
En la primera semana de junio, la minera completó la aprobación de la comunidad de Michiquillay. Y el 24 de mayo había obtenido el permiso de La Encañada. "Seguimos todo el proceso rigurosamente, enviando cartas a las autoridades antes de visitarlas. Es un proceso muy protocolar", considera.
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Forno considera que otro de los elementos importantes en su proyecto fue el viaje que realizaron representantes de las comunidades a Chile, a otros proyectos que maneja la minera, para presenciar in situ su estilo de trabajo y la manera como cooperan con las comunidades.