Por Fernando Vivas. Periodista
Fea temporada para la Policía Nacional del Perú. Uno de sus generales, Alberto Jordán, fue zarandeado y tomado de rehén por la turba moqueguana y después, justo cuando lo liberaron y se estaba limpiando el fundillo, ¡zas!, le cayó un patadón de Alan García.
El presidente dio con la punta del zapato en la retaguardia moral de la PNP, ahí donde se asientan sus prejuicios, complejos y falso perfil: el policía como el macho que se impone sobre el caos, el que no tiene miedo de nada porque todos le tienen miedo a él, el que no negocia sino que mete palo nomás. Y si la ley pide rendir cuentas la mejor respuesta es: "Desconozco, mayormente".
García, fustigando a Jordán como miedoso, alimentó esta visión retrógrada del policía como matón de reglamento en guerra contra los alzados. Y vaya que rindió frutos el vapuleo: la PNP, en la figura de Octavio Salazar, ha tenido que responder, entregando la cabeza de Jordán, por un 'moqueguazo' cuya principal responsabilidad política en realidad atañe a don Jorge del Castillo cuya PCM no previno el bolondrón originado en los malos cálculos del MEM y del MEF que cuando se las dan de redistributivos, a veces redistribuyen a favor del que más tiene, en este caso, Tacna. Y, claro, a don Luis Alva Castro que bien pudo, por responsabilidad solidaria con su jefe policial, al menos salir a respaldarlo y, corear junto a él, ¡desconozco mayormente!
Si la PNP debe estar en el banquillo de los interrogados no es por el 'moqueguazo' sino por inventar el cuento de los Malditos de Larcomar, por dejar libre al español rabioso Pedro Reyes, por detener y empapelar a los choferes Edison Tejada y Lizandro Díaz acusados sin evidencias de atropellar a la suboficial Lady Anaya (se acaba de ordenar la liberación de Tejada).
Esos son los serios cargos que tiene que responder la policía de Salazar y Alva Castro pues no solo comprometen su eficiencia, como en Moquegua, sino su esencia, que no es la de matón de estado policiaco como sugiere García cuando le conviene, sino la de guardián de Estado democrático.
El lema de la PNP es "vida que protege tu vida" y no "al cholo le meto palo y al blanco le cobro coima" o "el policía es bien macho y no tiene miedo" o "el que me da la contra va preso". Para honrarlo las últimas generaciones de oficiales se han formado en el respeto de los derechos humanos y la no discriminación y en técnicas para calmar los ánimos. A cada rato encuentro buenos policías que confirman esta evolución que pudo tomar mayor viada si el Apra no politizaba la cartera del Interior con Alva Castro. A esos buenos tombos hay que protegerlos legalmente y bien se haría en reactivarles la Defensoría del Policía.
Pero también hay tombos corruptos que nos avergüenzan y tombos prejuiciosos que descargan su racismo contra mestizos inocentes y se cargan de complejos ante blanquiñosos prepotentes. A estos son a los que hay que levantarles la moral, porque la tienen por los suelos.