Edición impresa

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook

¿Prepublicación?

Rincón del autor. Es una buena práctica dar a conocer los proyectos normativos para su discusión y mejora. Toca pensar en las normas de manera integral, pues no se agotan con su promulgación

Por Beatriz Boza

Los aficionados al fútbol saben desde muy pequeños la diferencia entre 'faulear' y jugar limpio. Patear, meter cabe o darle un cabezazo al otro es una falta que afecta directamente al competidor y además al propio disfrute de un buen partido. Ellos también saben que no se pueden quitar la camiseta en medio del partido. Han interiorizado que estas conductas están prohibidas porque afectan el negocio del fútbol en su conjunto. Pese a que, de tiempo en tiempo, la FIFA modifica las normas, las reglas son claras y los niños las conocen y han comprendido que de su cumplimiento se genera un beneficio para todos. Viendo los resultados positivos y las sanciones por incumplimiento, las hacen suyas. Ese proceso de contar con reglas claras, darlas a conocer e interiorizarlas hace que hoy un niño de nuestro barrio pueda disfrutar de la Eurocopa tanto como uno en la China, Alemania o España. Y más allá, el proceso que sigue la FIFA para modificar sus normas hace predecible, creíble y posible jugar fútbol en todo el mundo. Es que para el éxito del partido se requiere que todos los jugadores conozcan las reglas y las cumplan. Y en ello, el proceso de formulación de las normas es tan importante como el de su implementación.

Al igual que en el fútbol, nuestra Constitución establece la necesidad de contar con normas que guíen nuestro accionar en sociedad. Ello supone que las normas puedan ser conocidas por todos, entendidas e interiorizadas y, en su defecto, que la autoridad, cual árbitro, imponga las sanciones del caso. Parecería, sin embargo, que nos limitamos a dictar normas, que como fueron trabajadas a puerta cerrada en gabinete y como nadie las entiende, tienen que ser modificadas, clarificadas y cambiadas, alimentando la sensación de inestabilidad jurídica en el país.

La experiencia de la Defensoría del Pueblo demuestra lo potente que es el proceso de informar, deliberar, proponer y consultar. La defensoría, como se sabe, solo tiene poder moral, no puede promulgar normas ni imponer sanciones. Solo ejerce el magisterio de la persuasión y con ello ha logrado cambios fundamentales en el país. Basta recordar que el Ministerio del Ambiente es fruto de una recomendación de la defensoría de abril del 2007; la necesidad de Tolerancia Cero fluye de un informe defensorial del 2006; el funcionamiento del Consejo de Reparaciones acoge una recomendación del 2005; y la Ley de Transparencia, que pone fin a la cultura del secreto, se remonta a las 169 páginas de un informe defensorial del 2001.

Es una buena práctica dar a conocer los proyectos normativos para su discusión y mejora. Toca pensar en las normas de manera integral, pues no se agotan con su promulgación sino que el proceso normativo abarca desde cómo se definen las necesidades reales hasta su difusión, pasando por una deliberación transparente y que recoja la voz de los involucrados. Ahora que se ejercen facultades legislativas con ocasión del TLC, toca recordar las bondades de prepublicar.

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook