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La nueva arremetida roja

Rincón del autor. Diálogo hasta el final, sí, pero si un puñado de marxistas violentos quiere otro 'moqueguazo', la democracia debe defenderse

Por Hugo Guerra

"De vuelta y a comenzar": este sonsonete de los necios es también, fatigado lector, el principio de la estrategia de la izquierda neomarxista peruana, tal como lo subraya la convocatoria a un nuevo paro nacional el próximo 9 de julio.

Las organizaciones ahora nucleadas por la llamada Coordinadora Política y Social son: Confederación General de Trabajadores del Perú, Central Única de Trabajadores, Confederación Nacional Agraria, Confederación Campesina del Perú, Conacami, Federación de Estudiantes del Perú, Frente Popular, Frente Amplio de Arequipa, Coordinadora Regional del Cusco, Coordinadora Ciudadana y Desarrollo de Ica, Partido Nacionalista Peruano, Partido Comunista Peruano, Partido Socialista, Patria Roja, Partido Socialista Revolucionario, Frente Obrero Campesino Estudiantil del Perú, Voz Socialista y Fedep.

Su reclamo puede resumirse en dos cosas: cambio total de la política económica del gobierno y fin del 'autoritarismo' supuestamente impulsado por el Ejecutivo.

Por supuesto, este conjunto (en el cual es percibible el extremismo inclusive vinculado al senderismo y al tupacamarismo) se niega al diálogo. Argumenta que sus representantes solo se sentarían a la mesa de negociación con el presidente de la República, los ministros y los presidentes regionales... Una exigencia absolutamente desmesurada porque implicaría, poco más o menos, a crear un nuevo Acuerdo Nacional encabezado por Mario Huamán y simbolizado por un trapo rojo.

No estamos, entonces, frente a una protesta sindical, sino ante la extorsión política de quienes quieren traicionar a los trabajadores y al país en el interés de crear un solo partido. La prueba es que la CGTP hace poco planteó exactamente eso: su pretensión de partidarizarse.

Para estos marxistoides los logros económicos, la estabilidad financiera y que nuestro país sea hoy en día paradigma de desarrollo en la región no es algo positivo, sino el gran obstáculo para su existencia. Históricamente en el Perú estos traidores de la clase obrera, que operan desde cúpulas de marfil, se beneficiaron de la miseria y del subdesarrollo. Y en etapas de bonanza como la actual no son capaces de articular planteamientos democráticos y modernos, como sí lo hacen los sindicatos en los países más avanzados, para superar los problemas laborales, productivos, financieros y sociales.

La traición contra el Perú es aun mayor, puesto que --en una estrategia compartida con otras centrales políticas del hemisferio-- persisten en denunciar al Estado por una inexistente 'criminalización de la protesta social' en el caso seguido ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Así, pues, tendremos que volver a resistir el embate, fortaleciendo el sistema democrático, sin rehuir la posibilidad del diálogo hasta el final, pero al mismo tiempo sin dejar de aplicar la ley.

En el Perú nunca más debemos permitir que se quiebre el orden del Estado social de derecho, y si un puñado de marxistas violentos quiere reeditar el 'moqueguazo' y humillar a otro señor general de la República, el Ejecutivo deberá reaccionar con toda la energía que corresponda en el recurso policial.

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