Por Antonio Orjeda
Avenida Larco. Mientras mami hacía compras, Francisco gustaba de encerrarse en una de las cabinas de Disco Centro Héctor Roca y --por favor-- pedía que le pusieran un disco. Uno de vinilo, por supuesto.
Era 1979, él tenía 9 años. 1979, el año en que Kiss lanzó "Dinasty" y se hizo de millones de fans (más). Francisco picó el anzuelo. Mami le compró un long play doble, en vivo. "Kiss Alive!". Carátula brutal. El niño de 9 años se sentía en el paraíso (del hard rock). Años después, para cuando las paredes de su cuarto no daban cabida a un póster más, decidió aprender a tocar guitarra.
Francisco quería ser como uno de sus héroes. No contó con que se toparía con una inepta. Él es zurdo. Pese a ello, su maestra le exigió tocar como si fuese diestro. "Intenté. No me salía. Me frustré".
Tenía 13 años. Indagó, le dijo que si cambiaba las cuerdas podía ser. Necia, su "maestra" --sí, entre comillas-- dijo no. Ella mató sus ganas, pero no su gusto por la música.
HEAVY METAL
Polo negro, casaca de cuero con parches. "Me volví metalero". Su padre le regaló unos audífonos. Aparecieron los casetes, pasó a ese soporte todos sus long play. Kiss hace rato que había dejado de parecerle una banda poderosa. En su altar ahora reinaban Iron Maiden, Judas Priest, Accept. Francisco no intregró la horda metalera, tampoco usó cadenas ni el pelo largo, pero sí gritó y sacudió la cabeza en más de una tocada local.
Era mediados de los años 80. Entonces jamás imaginó que una década y unos añitos después estaría haciendo lo mismo, pero al pie de Bruce Dickinson y compañía: Iron Maiden.
"Yo he visto dos veces Metallica, ¡es espectacular! Pero, después del concierto de Iron Maiden... yo quedé extasiado".
1999. Santiago de Chile. 25.000 personas. Entre canción y canción, el hoy gerente financiero de la cadena de hoteles más importantes del Perú fue avanzando, llegó hasta la baranda. "Me sabía el orden en que las iban a tocar. Me lo había bajado de la web". Le tocó el turno a "The Trooper", quizá su tema favorito. Francisco volvió a ser el niño de 9 años al que le regalaron un álbum de Kiss. Solo que este placer, en Santiago, se lo había regalado él y, por supuesto, supo mejor.
En esa misma ciudad, el año 99, hubiera visto a Kiss. El concierto se canceló. También se quedó a unos cientos de kilómetros de disfrutar de U2. "Compré mis entradas con cinco meses de anticipación". Esa vez fue peor: un tema laboral se interpuso en su viaje a Buenos Aires. Chamba es chamba. En la oficina no tiene con quién compartir su pasión, ahí nadie sabe que cuando va a una tocada vuelve a vestirse de negro (pantalón con varios bolsillos, polo viejo y botas).
Francisco está casado y su mujer no comparte sus gustos musicales. "Ella es guarachera". No lo ha acompañado a ningún concierto. "Ella tiene su iPod y yo tengo el mío".
Francisco tiene dos hijas, una de 3 años y otra de 7 meses. ¿Qué pasa si te salen reggaetoneras?, indagamos. "Ellas son libres de elegir... Pero, sería bien feo, ¿no?".