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ECONOMÍA

"Cada día era una batalla por ganar"

Rosa García Marie y su empresa corredora de seguros

Por Antonio Orjeda

Rosa no tuvo tiempo de lamentar su suerte, tenía dos hijos que atender. Pudo haber optado por lo más fácil: una vida sin las comodidades a las que ella y sus hijos estaban acostumbrados. Rosa no estaba dispuesta a eso. Tenía solo quinto de secundaria. Su marido la había abandonado, su madre la acogió. Ella fue su soporte.

La Unión, así se llama la compañía de corredores de seguros que desde hace más de tres décadas Rosa lidera. Sus hijos, sus nietos, saben cuánto le ha costado. Ella es su ejemplo. ¡Es más que eso! Rosa es ante todo su amiga. Ellos, igual que sus clientes, saben que pueden confiar en ella.

¿A qué edad quedó embarazada?
Yo me casé a los 16 y a los 17 años tuve a mi primer hijo.

¿Se casó estando en el colegio?
Justo antes de hacer el quinto de media. No lo hice, sino ya después.

¿Tan enamorada estaba?
Sumamente enamorada.

Tuvo un segundo hijo y, tengo entendido que después su esposo viajó a España y no regresó más.
Y me vi obligada a afrontar la vida con ellos dos. Y comencé a estudiar.

Él se desentendió de todo.
Se fue.

¿Qué edad tenía usted?
Tenía 23 años.

¿Qué hizo?
Comencé a estudiar lo más fácil, lo más próximo: secretariado. Lo cual a mí no me gustaba... Estudié y, felizmente, entré a una firma grande --porque me conocían--; ahí tuve la oportunidad de hacer un buen trabajo. Me gané la confianza de todos.

A los 23 años se convirtió...
En padre y madre de mis dos hijos. Los tenía que sacar adelante ¡de todas maneras!

¿Quién fue su apoyo en ese momento?
Mi madre. Me acogió en su casa. Ese fue un hecho inconmensurable: tener a una madre que te abre la puerta a ti y a tus dos hijos, ¡es una maravilla! Eso permitió que me dedicara 100% a tratar de salir adelante como sea y no ser una carga para ella, que además era viuda.

Era fines de los 60. Debió haber enfrentado las habladurías de la sociedad limeña.
Me resbalaba. No les daba ninguna importancia. Yo iba a mi objetivo: salir adelante, sacar adelante a mis hijos dándoles el mejor ejemplo posible, inculcándoles los valores que ahora ellos tienen.

Su otra opción pudo haber sido buscarse un marido con plata...
O echarme a la cama a esperar que vengan a ayudarme. ¡De ninguna manera!

¿Por qué?
Porque tenía que luchar. Tenía dos angelitos. Estábamos los tres solos, y si yo no hacía nada, ¡olvídate!

El 76 abrió esta compañía corredora de seguros. ¿Cómo? ¿Qué pasó? ¿A quién tuvo que matar?
Fue muy simple. No tuve que matar a nadie. Me puse a estudiar... Yo entré a Pandero en 1971 y, el año 76, sus directores comenzaron a organizar este broker (el que ahora ella lidera) y me pusieron a cargo. Después de años de haber visto mi trabajo, de saber quién era yo, ellos tuvieron la confianza para darme la gerencia general. Y también acciones.

Suena fácil.
Ellos sabían de mi dedicación al trabajo, del esfuerzo que ponía a lo que hacía, de mi responsabilidad, ¡de los conocimientos que había ido adquiriendo!

Y en paralelo...
Y en paralelo yo me dedicaba al estudio. También a mis hijos.

¿Cómo hacía?
A partir de la hora que ellos llegaban a casa (del colegio) los comenzaba a manejar por teléfono. Y ya cuando yo regresaba, me quedaba conversando con ellos hasta que lograba conocer cómo había sido todo su día... También les tomaba sus lecciones. Fue una labor bien fuerte.

Además estudiaba para conocer mejor el mercado de seguros. ¿Cuánto dormía?
A veces llegaba, me sentaba en mi escritorio y me quedaba dormida... Ponía la grabadora, porque todo lo que me daban para estudiar yo lo leía (en voz alta) y lo grababa para después poderlo escuchar, pero mi cabeza terminaba en el escritorio. Me quedaba dormida... Fue fuerte, pero ¡lo logré! Salí adelante.

Su estímulo eran sus hijos.
Ese fue mi estímulo más grande. Me dediqué a ellos al 100%. Estudiaba, trabajaba y me dedicaba a ellos.

Su objetivo, además, era que mantuviesen su estilo de vida.
¡Lógico! Y eso lo logré.

Pasarlos a un colegio nacional hubiera sido una alternativa.
No lo iba a hacer. Ellos siguieron en su colegio, y los padres (del María Reina) me ayudaron muchísimo.

En su proceso tuvo aliados.
Es que veían mi dedicación. Mi voluntad de trabajo, de superación.

Claro, nada es gratuito.
Es un toma y daca; y ellos veían mi esfuerzo: era total, absoluto. Cada día era una batalla por ganar.

Y años después, llegó el verdadero amor.
Cuando los chicos ya estuvieron grandes, sí. El mayor tenía 16 y el menor, 14. Conocí a Max Arcadier a través de unas amigas. Él fue el compañero de mi edad madura. Era una persona muy inteligente, que se supo ganar la amistad de mis hijos.

Con él tuvo a su tercer hijo. Hoy tiene cinco nietos. Tengo entendido que su tiempo libre está dedicado a ellos.
A partir de los viernes por la tarde me dedico a mis nietos por completo. Salimos, me llaman. Ellos saben que cuentan conmigo al 100%. "Mamama, ven por mí", ¡y yo salgo corriendo! (ríe)...

¿Está supliendo con ellos lo que no pudo hacer con sus hijos?
A veces no es la cantidad de tiempo lo importante, sino el 'tiempecito' que tú sabes hacerte para poder comunicarte con tus hijos. Eso es lo más grande: en ese momentito puedes establecer una relación íntima que no logras en 10 horas de mala comunicación.

Igual, debe ser duro: saber que se está rompiendo el lomo por ellos y, a la vez, no tener tiempo...
¡Para dedicarlo a ellos! Sí. Pero para eso estaban los fines de semana: con el mayor nos íbamos a hacer equitación, con el segundo jugábamos tenis. Con cada uno hacía lo que le gustaba hacer... ¡Hasta de cacería nos hemos ido!

Y ahora, con Jean Paul, su nieto, se va a Turquía.
¡El 9 de julio! A Estambul, sí. Hay una competencia mundial de Optimist, y él va a competir.

Él es el número uno en el ránking nacional en esa clase de velero.
Sí, y es campeón sudamericano en competencia por equipos.

Usted cree que su ejemplo...
¡Sí, ha servido! A veces, con pocas palabras, con tu andar por la vida, tú estás sembrando.

Sus hijos, sus nietos, siempre han sabido lo que usted ha estado haciendo.
Siempre. Yo soy bien comunicativa y ellos conmigo también lo son. Tenemos una linda relación. Más que mamá o abuela, yo soy amiga.

Ahora veo que no en vano su empresa se llama La Unión.
El nombre salió de las conversaciones de los directores conmigo, porque esto, precisamente, responde a la unión de todos. Lo tenemos muy presente. Acá todos sabemos lo de todos, todos contribuimos, porque solo trabajando hombro a hombro se gana. Yo tengo a gente que trabaja conmigo desde hace 25 años.

A los 23 enfrentó un problema gigante. Hoy usted se debe haber convertido en una suerte de consultora para sus amigas y para las hijas de sus amigas.
Mucho de eso hay... Pero, ¿sabes qué? Es el ejemplo. No hay que decir mucho... Cuando tú vas al lado de una persona, es suficiente con que veas sus actitudes, su forma de ser, cómo responde ante la vida, cómo enfrenta... porque de todo hay --hay alegrías, hay sinsabores--, porque la vida es así, y la vida es hermosa. Hay que saberla vivir... Hay que vivir cada minuto que tenemos. No sabemos cuándo se nos van a acabar.

Susy Díaz tenía razón cuando dijo que hay que vivir la vida y no dejar que la vida nos viva.
Sí (ríe)...

LA FICHA
Nombre: Rosa Elena Luz García Marie viuda de Arcadier.
Colegio: Villa María.
Estudios: "Secretariado. Hace tanto tiempo, que no me acuerdo dónde... De ahí hice cursos de economía, administración. También estudié en ESÁN".
Edad: 63 años.
Cargo:
Directora gerenta general de La Unión Corredores de Seguros.

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