Por Fernando Vivas
Este hombre tiene plata y ganas de gastarla en cosas nuevas, sabe lo que son éxitos y fracasos, ya probó la política y no se desvive por ella. Ya, pues, Mauricio Diez Canseco, ¿por qué no produces por fin algo serio que ponga a tu foto una leyenda decorosa?
Desde que decidió invertir en la farándula, Diez Canseco ha montado un carrusel de proyectos baratos, precarios, políticamente incorrectos y ha dado trabajo a cómicos para que procesen, entre chiste y chiste, rencillas y resentimientos. Si "Astros de la risa" y su reemplazo, "El gordo y el flaco", se cancelaron pronto, no solo fue por lo difícil que es hacer tratos con Panamericana, sino porque Diez Canseco invirtió más en promocionarse con escándalos que en controles de calidad.
Así como tuvo su cuota de desencanto político cuando Toledo lo puso al mando del Pronaa, la acaba de tener con el fracaso de dos programas al hilo. Que Genaro le prohibió remedar a sus amigos, que Gisela se quejó de que no le dejaba colchón y que sus cómicos iban a colaborar en la parodia bailable de Magaly, bah, son pamplinas. La cuestión de fondo es que Mauricio Diez Canseco se contentó con ser un productor televisivo chicha que subestimó al público al pretender manipularlo con intrigas sobre su vida privada y practicó, con inquina poco cómica, el remedo vil de competidores televisivos y faranduleros.
Si quiere seguir en la brega, pues que meta su plata en un proyecto que madure antes de lanzarse al aire, que escoja bien el canal, que invierta en buenos guionistas, que jale lo mejor, que haga un control de calidad y un control ético --en el humor ambos son indisociables-- para lograr que el público lo tenga por un empresario que aporta a la TV y no como alguien que fracasó en su ambición de figuración política y ahora quiere obtenerla --como lo hizo Laura Bozzo-- a golpe de pantallazos.
Que aprenda de Jaime Carbajal, que de lobbista asociado a escándalos políticos pasó a producir ficciones de calidad exportable como "Mi problema con las mujeres". La TV necesita la plata y las ganas de Mauricio, no sus intrigas publicitarias.