Por: Juan Paredes Castro |
El Perú tiene en su presidente, en su canciller y en su ministra de Comercio Exterior el equipo perfecto para un juego de billar en tres bandas con el mandatario boliviano Evo Morales, siempre que todos ellos estén decididos, al final, a abandonar la Comunidad Andina de Naciones (CAN).
La metáfora advierte el peligro de que la implementación del TLC con Estados Unidos siga atracada mientras Bolivia se oponga a las modificaciones que plantea el Perú a la cláusula de derechos de propiedad intelectual dentro de la CAN. Bolivia se ha convertido asimismo en la cuña de frustración de todo el esfuerzo negociador de Europa para un TLC con el bloque andino, con un perdedor nato: el Perú.
La conclusión es que el presidente venezolano Hugo Chávez busca por todos los medios impedir la potencial inserción peruana en los mercados del mundo, incluyendo el europeo.
Hasta aquí las tres bandas sobre el tapete verde de la política, la diplomacia y el comercio.
Lamentablemente el Perú empieza a reaccionar tarde, después de haber tomado demasiado a la broma el eje Chávez-Morales y descuidado la construcción de una alternativa de salida de la CAN, frente a la cual continuamos, como país y como Estado, en una crítica posición ambivalente.
Alan García, José Antonio García Belaunde y Mercedes Aráoz saben perfectamente cómo funciona la estrategia de Chávez en el juego de Evo Morales. Esa es una banda importante para tomar en cuenta. La segunda apunta a impedir, desde el lado boliviano, la adecuación de la cláusula de propiedad intelectual a las necesidades del TLC del Perú con Estados Unidos. Y la tercera representa el empecinado empeño, igualmente boliviano, por colocar en un punto muerto las negociaciones andinas para un TLC con Europa.
La grosera injerencia de Morales en nuestros asuntos internos, merece, por supuesto, otro escenario de tratamiento, mucho más delicado, del que igualmente no debemos obviar la conexión venezolana.
Quizás la considerada revisión de nuestras relaciones bilaterales con Bolivia, sirva de algún modo para hacer entender a Evo Morales cuán dispuestos estamos a no perder la batalla por nuestros TLC con Estados Unidos y Europa, no importa si para ello tenga que sacrificarse el sentimiento histórico que parece todavía despertar en nuestra diplomacia el eventual alejamiento peruano de la CAN.
En efecto, nuestra diplomacia ya no puede seguir cediendo terreno a involuciones absurdas. Peor si se nos pintan a la vista con todas sus características conspirativas.