LAMBAYEQUE. DON SALATIEL ALARCÓN CORONEL CUMPLIÓ CASI MEDIO SIGLO DEDICADO A LA CRIANZA DE GALLOS DE PELEA
En la Navidad de1998, don Salatiel Alarcón Coronel no tuvo nada que celebrar. Una rara enfermedad había exterminado a sus más de cien gallos de pelea que criaba en un galpón de la azotea de su vivienda, ubicada en una zona contigua al mercado de Moshoqueque, en el distrito de José Leonardo Ortiz.
Agobiado por la irreparable pérdida, 'El Lajeñito', como lo conocen sus amigos, tomó un ómnibus y viajó hasta su natal Lajas (Chota), donde se reunió con algunos familiares que también eran aficionados a los gallos.
Al verlo cabizbajo, uno de sus sobrinos decidió regalarle una pareja de aves con la que reanudó la crianza de gallos, afición que se inició hace 48 años cuando un apostador le obsequió un pichón por haberle ayudado durante un torneo realizado en Lajas.
Desde entonces, Salatiel Alarcón volvió a ser el mismo antes de la tragedia. Le puso más dedicación a su negocio de venta de arroz y al transporte de carga pesada, aquellas actividades que le permitieron brindar una buena educación a sus siete hijas.
El semblante de este cajamarquino de 63 años se opaca porque sabe que ninguna de sus hijas continuará la afición a los gallos; sin embargo, tiene la esperanza de que uno de sus seis nietos prosiga la tradición.
Criadores y apostadores de todo el país visitan con bastante frecuencia el galpón de Salatiel y a medida que degustan un buen pisco se deleitan con las historias de este personaje, quien posee el récord de haber ganado 27 peleas durante dos años con el mismo ejemplar.
Los visitantes no desaprovechan la oportunidad para admirar los trofeos que adornan sus vitrinas, así como las copias de los cheques que ha recibido por las victorias de sus alados.
Cada vez que puede, don Salatiel cuenta que sus padres Graciela Coronel y José Alarcón trataron de evitar que incursionara en el tema de los gallos, porque consideraban que se podría convertir en un vicio peligroso.
"Para mí, los gallos nunca fueron un vicio sino una sana distracción. Conozco gente que ha perdido mucho dinero porque se excede en las apuestas", aclara 'El Lajeñito'.
La numerosa parentela que vive en su casa ubicada en la calle Kennedy, en plena plazuela Las Piletas de José Leonardo Ortiz, ya ni se inmutan con el permanente concierto de los 200 gallos de espuela que viven en la azotea de la vivienda. Cada vez que amanece, los ensordecedores quiquiriquíes se encargan de despertar muy temprano a todos los vecinos de la cuadra, pero en vez de fruncir el ceño esbozan una sonrisa al recordar que en el lugar vive uno de los personajes más carismáticos de Chiclayo.