Por Maki Miró Quesada
....tutta la notte. En estos tiempos de transportes cada vez más veloces y eficientes cuesta bastante hacerse a la idea de pasar toda la noche y parte del día en un autobús coche-cama por más confortable que sea, y el 'Tutto Letto' ('Todo cama'), el bus que hace el trayecto de San Martín de los Andes a Buenos Aires lo es. Pero también son 20 horas de ir sentado en un espacio reducido donde antes de ponerse de pie hay que tomar las precauciones del caso porque los autobuses, sobre todo los de dos pisos, el tema de la estabilidad lo llevan mal. Lamentablemente para los patagónicos las distancias y el clima no son cosas que se puedan cambiar así como así solo porque no nos gusten y por último parte del chiste de vivir en el fin del mundo es justamente estar lo suficientemente lejos para que nadie venga a molestarnos salvo aquellos que de puros valientes y por pura amistad se avientan hasta allá.
"¿Y qué hay de los aviones?", se preguntarán algunos. "¿Los aviones? Bien, gracias". Había un vuelo al día directo y sin escalas de la capital a San Martín que hacía el recorrido en poco más de dos horas, pero eso era antes. Ahora hay más demanda, más turistas, más gente en el mundo y por supuesto menos vuelos. Con mucha suerte y mucha anticipación se puede encontrar un sitio en el avión del lunes, del miércoles o del sábado que son los tres días que, con una escala en Esquel y una hora más de viaje hay vuelo entre Buenos Aires y San Martín. ¡Ah! Y el pasaje cuenta casi como un ida y vuelta a Miami, eso es si uno es argentino o residente, para los extranjeros cuesta el doble, así de simple. También hay que esperar que el mal tiempo no nos haga una mala pasada, porque en la zona no se conocen instrumentos ni radares y en invierno varias veces al mes el aeropuerto se encuentra 'marginal o no operativo', según el léxico aeronáutico, como me lo anuncia el encargado de la base cuando voy a recoger a algún visitante; importante añadir que la ida al aeropuerto de Chapelco a ver llegar el avión es uno de los momentos clave de la semana donde además en la cafetería se desarrolla gran parte de la vida social del lugar porque siempre hay algún conocido que llega o que se va. Las cosas empeoraron si cabe el año pasado cuando un rayo le dio en el blanco al radar Baires y los dos aeropuertos de Buenos Aires se quedaron sin instrumentos para dirigir a los aviones. Poco tiempo después leí que las maniobras de aproximación se estaban realizando por medios visuales con walkie talkie desde el Uruguay al otro lado del río La Plata. La imagen que se me presentó era irresistible y la veía más o menos así: "¡Oye tú, el 747 rojo, sí tú, el grandote, gira a la izquierda, no tú no, no estoy hablando contigo, tú quédate donde estás! A ver, el Airbus 320 da la vuelta y mantén tu posición, no pues a la derecha no, a la izquierda, he dicho A LA IZQUIERDA. ¡Sí, ahora mismo! Tú, el chiquito ese --¿y, qué marca será este pelotudo?-- sí, el verde y azul, trata de quedarte quieto, no sé dónde ponerte todavía, ya yo te aviso". Fue un milagro en gran parte seguro atribuible al Gauchito Gil, la beatita de Humay local, que más de uno no se diera un tortazo fenomenal con la consabida tragedia en pérdidas de vidas; en esa época rogábamos al cielo viajar con buena visibilidad, sino ¡chuas! Por todo lo descrito anteriormente el viaje en 'Tutto Letto' no es tan mala opción como se piensa y después de ver tres buenas películas y comer en azafate tipo avión, el asiento se reclina casi a la horizontal y la cosa es bastante cómoda solo que por costumbre uno se pasa parte de la noche buscando inútilmente el cinturón de seguridad.
Al despertar faltan solo 4 horas para Buenos Aires y el 'Tutto Letto' corre raudo y derechito por la pampa húmeda observado con olímpica indiferencia por las lindas vacas que ya lo han visto.