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SOÑANDO FÚTBOL

La gloria de Liga consagra al fútbol ecuatoriano

El balance positivo de la espectacular final de la Copa Santander Libertadores

Por Jorge  Barraza. Columnista

Las opiniones aún cabalgan a caballo de las emociones. El periodista no es un témpano. Las imágenes persisten por sobre el análisis. La histórica consagración de un equipo ecuatoriano en el Maracaná Esa épica actuación del arquero Cevallos tapando tres penales La vuelta olímpica de esos ignotos muchachos enarbolando la Copa Libertadores El sudor de la gloria humedeciendo trajes, el fárrago de abrazos en el que uno ni sabe a quién estrecha, los gritos El salto interminable de ese grupete de dos mil hinchas de blanco entre 88.000 de Fluminense Todo es todavía una alegre confusión, una fresca y bella mezcolanza. La conquista permanece en zona de festejo.

En la historia. Alguien repasará una lista de campeones: Boca, River, Peñarol, Sao Paulo, Flamengo, Santos, Colo Colo, Olimpia, Nacional, Independiente, Gremio Liga Liga Deportiva Universitaria, de Quito, ha tallado su nombre entre los grandes de todos los tiempos y monopoliza los titulares deportivos del continente.

Campeonísimo. Nadie podrá quitarle ni una ínfima partícula de posteridad: fue campeón con el rótulo de mejor. La crónica dirá que fue por la vía de los penales. Perdió 3 a 1 el segundo encuentro y hubo que dirimir desde los doce pasos, es verdad. También sabemos que fue superior a Flu en el balance de las dos finales. Ganó en casa 4 a 2 mereciendo mucho más. Perdió en Río por esa extraordinaria capacidad brasileña de transformar en red hasta el menor escarceo ofensivo, por la eficacia letal del futbolista brasileño. Contundencia que no tuvo correlato en el juego: nunca Fluminense mostró ser más equipo que Liga.

Fútbol puro. No es sencillo recordar finales tan bonitas de Copa Libertadores. No hubo otras con 10 goles en dos juegos. Ni con similar vocación ofensiva. Sumados los 210 minutos de juego entre ecuatorianos y brasileños no recordamos un roce, una bronca, el menor incidente. Solo un expulsado: en el minuto 120, el capitán de Fluminense, Luiz Alberto, por tomar de la camiseta al puntero Guerrón; se iba al gol. Fue tan deportivo todo que Luiz Alberto se disculpó con su rival antes de abandonar el campo.

Un fenómeno creciente. Juan Manuel Cendoya, director de comunicaciones del Banco Santander, anunció que, hasta antes del juego decisivo, la audiencia acumulada en televisión de la Libertadores era de 1.135 millones de personas. Y más de 3 millones de espectadores asistieron a los 138 encuentros. El mismo Cendoya señaló: "Santander tiene la intención de convertir a la Libertadores en la máxima competencia de clubes del mundo". Y admitió: "Sabemos lo que es la Champions League, pero estamos dispuestos a potenciar esta maravillosa tradición en un torneo de interés mundial". Santander no quiere reparar en gastos. Y es el primer banco de España, el primero de Latinoamérica, de la zona euro y el quinto del mundo.

La pena. Es la ley del deporte, solo uno debe ganar. Y apena la caída de Flu, una institución extraordinaria, centenaria, con una vida social fantástica. Encarna a la perfección la idea de club que tenemos: allí acuden diariamente miles de personas, el bullicio deportivo llena el alma. Cientos de jóvenes hacen natación, otros practican tenis, básquet, vóley Unos más veteranos juegan cartas, o bochas, los bares y la tienda del club son una romería. Vendió 78.918 entradas en cuatro horas y rebalsó el Maracaná. Su gente montó una fiesta pacífica y cálida; tomó la derrota con hidalguía. Nos dolió también por Branco, aquel lateral campeón mundial con Brasil, hoy director deportivo de Flu, el club de su vida; por Renato, un técnico que pregona lo que fue: fútbol audaz, de clase. Ellos también merecían la corona.

Valientes. Estábamos persuadidos de que no se iba a achicar Liga en el Maracaná. Y por si alguien abrigaba alguna duda, a cinco minutos del arranque nomás asestó un gol espectacular. Notable maniobra de Manso para quitarse una marca encimada, cambio de frente de 50 metros, desborde de Guerrón y ese ilusionante proyecto de jugador llamado Luis Bolaños la manda a dormir entre piolines.

La pegada brasileña. En ello residió el mérito de Fluminense: haberse repuesto de semejante mazazo y empezar de nuevo a remar contra la marea. La fantástica pegada de Thiago Neves (descendiente de Didí, de Nelinho, de Eder, de Rivelino) lo puso 3-1 arriba. Igual, no era reflejo fiel de lo que el juego decía. Liga mostraba autoridad, jugaba convencido de sus virtudes, que no son pocas.

La hora de Ecuador. Boca ganó tres Libertadores por penales. ¿Alguien lo objeta? ¿Quién puede ufanarse de haber bailado a un equipo brasileño en una final como lo hizo Liga en el 4 a 2? ¿Cuántos se coronaron ante un Maracaná desbordante con más de 80.000 almas? Este es momento de celebrar, la hora de la gran consagración del fútbol ecuatoriano. Liga llegó al corazón del continente con su juego y su fibra. Funciona como un club europeo, es un modelo en Sudamérica y orgullo del Ecuador. Congratulaciones.

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