LONDRES [AFP]. La estadounidense Venus Williams ganó ayer su quinto Wimbledon utilizando su fuerza para derrotar sin oposición a su hermana Serena en dos sets, por 7-5 y 6-4.
Muchos pensaban que la menor de las Williams (27 años) era ligeramente favorita en este 'duelo fratricida'. Primero porque es más completa. Segundo porque su temporada era prometedora, con tres títulos en siete torneos, mientras que Venus (28) no había estrenado aún su palmarés.
Por último, porque parece que una maldición se cierne sobre la campeona. Aunque ganó su primer duelo en una final de Grand Slam (el US Open 2001), Venus acumulaba cinco derrotas a este nivel, entre el 2001 y el 2003. Serena le había hecho morder dos veces el césped en su jardín inglés. Pero ayer Venus acabó con esta maldición.
El inicio del partido se jugó en el plano psicológico. Venus sufrió para meter su primer servicio, su arma favorita desde el principio del torneo. No encontraba la distancia y acumulaba los errores no forzados al mismo tiempo que su hermana los golpes ganadores.
La mayor de las Williams buscó las líneas constantemente y el golpe ganador, aprovechando cada instante en que Serena bajó su nivel de juego.
En el segundo set, con 5-4 abajo y servicio, Serena pareció acusar la fuerza de su hermana, cometiendo numerosos errores. Y Venus no se lo perdonó.
Esta final plantea la incógnita de la vuelta del dominio que las Williams impusieron entre el 2001 y el 2003.
Apenas unas horas después de la final de singles, ambas sellaron el título de dobles por 6-2 y 6-2 ante Lisa Raymond y Samantha Stosur.
EL DATO
Federer y Nadal juegan hoy la final masculina